15 jun. 2024

Melià: El jesuita, la palabra y el territorio (4)

Entregamos la cuarta y última parte de la conferencia de Alfredo Boccia Paz al ingresar como miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, un apasionante relato sobre la vida y la obra del gran antropólogo Bartomeu Melià.

Hasta sus últimos días, Bartomeu Melià siguió acompañando la suerte de los pueblos indígenas del Paraguay.

Hasta sus últimos días, Bartomeu Melià siguió acompañando la suerte de los pueblos indígenas del Paraguay.

Alfredo Boccia Paz

Escritor e investigador

Según este intelectual con sandalias, que a veces salía de la selva donde vivía semidesnudo y pintado, los indígenas eran los civilizados y él, un salvaje, pues ni siquiera sabía caminar descalzo en el monte. Melià, el sabio humilde, fue en Mato Grosso inmensamente fiel a su convicción que para entender la cultura originaria había que sumergirse en ella hasta ser uno más. Un compromiso tan sacrificado con la ciencia y la cultura solo podía sostenerse en alguien profundamente místico.

Ignacio Telesca explica que Melià se dejaba interpelar religiosamente y se impregnaba con la vida de las comunidades indígenas en las que vivía. De hecho, Melià parafrasea a Pascal diciendo: “En la experiencia religiosa guaraní, las entrañas han sentido estremecimientos que el corazón y la cabeza no sabrían teologizar”.

De él, decía su compañero Francisco Oliva: “Era un intelectual metido en la realidad. Podía escribir una inmensa cantidad de textos sobre los pueblos indígenas y pasar varios años vestido con una pluma en una tribu del Mato Grosso”.

En esta etapa de su vida Melià entendió que su rica experiencia de campo no alcanzaría la trascendencia que merecía si no era confrontada con los saberes de otros investigadores y expuesta a la evaluación a través de publicaciones científicas.

Son de estos años sus contactos con el antropólogo brasileño Egon Schaden y su integración como profesor en la Universidad de São Paulo. Edifica allí los cimientos de dos obras enciclopédicas que se constituirán en consistentes guías etno-históricas: O Guarani, uma bibliografía etnológica (1987) y Guaraníes y jesuitas en tiempos de las Misiones (1995).

Si había sido agradecido con sus maestros del pasado, Antonio Guasch y León Cadogan, también sumaría su reconocimiento a dos nombres más: Curt Unkel Nimuendajú y Egon Schaden. Melià destaca en ellos que se hayan dejado atravesar por el espíritu guaraní hasta el punto que, pese a las invencibles limitaciones hayan podido plasmarlo en sus publicaciones etnográficas.

EL RETORNO AL PARAGUAY

En 1982, por motivos de salud, dejó la selva amazónica para trabajar en el Rio Grande do Sul con los Kaingang, de lengua Gé, pueblo indígena que constituyó el sustrato previo a la expansión guaraní Mientras, acumulaba una impresionante cantidad de publicaciones que lo asentaron como una autoridad académica indiscutida.

A sus 56 años, una mañana de febrero de 1989, Melià se enteró que un golpe de Estado había derrocado al general Stroessner. Su pensamiento estaba tan anclado al Paraguay que decidió volver de inmediato. Por esos guiños del destino, llegó a Asunción en el primer avión que descendió en el aeropuerto de Luque tras el golpe del general Rodríguez. En realidad, ya había ingresado por poco tiempo tres años antes, entre la cautela y el miedo, para dar conferencias en las embajadas de España y Alemania y en la Universidad Católica. Eran como pruebas del grado de tolerancia del régimen a su presencia. Pero ahora, podía transitar sin miedo a ser expulsado y sin remordimientos por haber dejado abruptamente todos los proyectos en los que venía trabajando. Trece años después, el tozudo Melià estaba de nuevo atesorando polvo paraguayo en sus sandalias.

Asentado en Asunción, aprovecharía cada minuto de los inéditos aires de libertad que empezaban a respirarse. Será su etapa más prolífica en publicaciones académicas sobre etnografía, lingüística guaraní e historia social del Paraguay.

Fue de nuevo director de la revista Acción y se dedicó a reeditar la obra lingüística de Antonio Ruiz de Montoya, transliterando esa enorme colección histórica de los siglos XVII y XVIII a la ortografía moderna. Entre otros muchos libros, solo o en coautoría, publicaría El Guaraní, una experiencia religiosa (1991), El guaraní conquistado y reducido. Ensayos de etnohistoria (1993), El Paraguay inventado (1997), El don y la venganza y otras formas de economía guaraní (2004), Mundo Guaraní (2011), Camino Guaraní: de lejos venimos, hacia más lejos caminamos (2016), e Itaipú: deforestación y desarraigo de la Nación Guaraní (2018).

También le llegan los reconocimientos: la Orden Nacional del Mérito en 1997, el Premio Nacional de Ciencias del Congreso de la Nación en 2004. Recibe la nacionalidad honoraria y es nombrado Hijo Dilecto de la ciudad de Asunción. Se suman los doctorados honoris causa por varias universidades nacionales y del exterior y la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel La Católica, otorgada por el gobierno español.

En 2011 recibe el prestigioso Premio Bartolomé de las Casas, que reconoce la trayectoria de aquellas personas que luchan por el entendimiento entre las culturas y la defensa de los pueblos indígenas.

Lejos de los fastos, este erudito inconmensurable no perdió nunca la humildad. Siguió acompañando diversos grupos de trabajo relacionados con indígenas, defendiendo los territorios usurpados a sus distintos pueblos por la deforestación, la expansión de modelos económicos etnocidas como el agro negocio y la ausencia del Estado en la protección de la población indígena vulnerable.

HOMBRE DE SELVA Y BIBLIOTECA

En una entrevista al diario El País de Madrid en 2016 se definía como “hombre de selva, pero también ratón de biblioteca”. La suya, digámoslo de paso, contiene cerca de 9.000 volúmenes dedicados a lingüística y antropología guaraní, a la historia paraguaya y a las reducciones jesuíticas.

Al fallecer a los 87 años, el 6 de diciembre de 2019, Tomeu nos dejó su desmesura. Ese ser humano de físico pequeño, de ojos vivaces y curiosos, amable y recatado, era capaz de un increíble nivel de teorización que se sostenía en una vivencia de campo imposible de superar por cualquier investigador de su tiempo.

Melià encontró en la cultura guaraní ideas fundamentales para pensar un país diferente con modos posibles de ser y de estar. Con su visión desde “los de abajo” aportó su lúcida crítica para soñar con la construcción de “la tierra sin mal”.

Bartomeu Melià fue un miembro insigne de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Su interés por la historia socio-lingüística paraguaya lo llevó a investigar lo que llamaba la intención diglósica dominante: el castellano intentando penetrar en las áreas del guaraní sin conseguirlo del todo. A medida que se imponía la afirmación colonial se transformaba la ecología cultural del guaraní, desvinculándolo de su sociedad indígena. Pero el guaraní resistió y de ese tenso enfrentamiento surgiría esa compleja amalgama que es el lenguaje hablado en Paraguay.

Hoy ya no se trata de conquistadores intentando sembrar otros frutos en una tierra arrasada. No es de la muerte de las lenguas de donde puede esperarse el crecimiento de otra. El camino es el diálogo de las lenguas. El español aporta muchas utilidades a los hablantes del guaraní. Y también el guaraní ofrece su don de palabras al tesoro de la lengua española. Melià nos ha mostrado el camino a seguir.

El jesuita lo había aprendido mucho tiempo atrás, en el Ayvu Rapyta, uno de los cantos religiosos más profundos de los mbyá-guaraní. Lo recordó cuando recibió, en 2018, el doctorado honoris causa de la Universidad Pontificia de Comillas, en España:

De la sabiduría contenida en su propia divinidad,

y en virtud de su sabiduría creadora,

creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano

e hizo que formara parte de su propia divinidad.

Y la Palabra se hizo carne para vivir en el territorio del ser: la palabra.

Aguyje, pa’i.

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