Opinión

“Médicos” de frontera

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py

Un escándalo ocurre ante nuestros ojos y casi nadie reacciona.

Vemos avisos en redes sociales del tipo “traiga un amigo y le damos la matrícula gratis”, “decanos” de facultades que hace muy poco eran estudiantes, diplomas de médicos a “profesionales” que nunca vieron de cerca un enfermo, y actuamos como si eso no nos afectara. Sufriremos las consecuencias personal, familiar o nacionalmente. No nos va a salir gratis tanta irresponsabilidad en la creación de supuestas facultades de medicina sin acreditación ni rigor académico.

Las universidades de garaje son una postal clásica de la institucionalidad kachiãi del Paraguay. Pero cuando el afán de lucro de sus dueños los lleva a abrir carreras de salud, se entra en el terreno de la criminalidad. Si una sociedad tolera en silencio estos abusos, está adoptando un comportamiento suicida.

En los últimos años se han abierto decenas de carreras de medicina de las más variopintas universidades privadas que compiten por un mercado ávido de un título de médico rápido, barato y con pocas exigencias. El Círculo Paraguayo de Médicos calcula que hay unos 25.000 estudiantes brasileños en Pedro Juan Caballero y Ciudad del Este, a los que hay que sumar otros 5.000 en Asunción y Mariano Roque Alonso. Esto es, sencillamente, bárbaro. Ni en el Amambay, ni en el Alto Paraná hay una sola institución de salud que pudiera llamarse hospital-escuela. En Asunción, solo pueden considerarse así el Hospital de Clínicas y el Hospital Central de IPS, pero allí no van los alumnos de estas universidades. ¿Dónde realizan sus prácticas, con qué instructores, en cuáles consultorios, salas o quirófanos se entrenan?

La respuesta es escalofriante: Ninguna institución del Estado paraguayo lo sabe.

Todos fingen demencia, porque obtienen ventajas de este desmadre. El Cones y la Aneaes no tienen la fuerza –y algunos de sus integrantes, el menor interés– para cambiar este productivo negocio de las universidades privadas. Estos organismos, paridos de mala manera, deberían ser reformados con urgencia.

Mientras, hay que frenar este despilfarro de mediocridad.

No basta ponerse una bata blanca para ser médico. Ese es el fin de un proceso que requiere laboratorios, salas de disección, morgues, especialistas, tutores clínicos y quirúrgicos, que no se encuentran en pequeños hospitales de pocas camas. Ni hablar de la indispensable comunidad académica que promueva la investigación y la publicación, indispensables en una escuela médica. Fíjese en este dato absurdo: Solo en Pedro Juan Caballero funcionan nueve facultades de Medicina.

He escuchado algunas veces una reflexión algo cínica con respecto a esto. Como la llegada masiva de los estudiantes brasileños genera una enorme fuente de ingresos colaterales, ¿qué importa que estén mal formados, si ejercerán en su país? No es tan así, pues solo uno de cada cuatro médicos brasileños recibidos en Paraguay logra pasar el examen de revalidación exigido por el Brasil. A buena parte de ellos los reencontrará usted cuando consulte en un sanatorio u hospital de nuestro territorio. Buena suerte.

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