Las noticias hablan de la gran movilización de los estudiantes por la mejora educativa. Ya sabemos que don Froilán fue preso y otros están en la cuerda floja. La gente se movió y esto generó cambios. Muy bien. También los secundarios participan con gran entusiasmo en sentatas y reuniones y han llamado a un paro.
Como a muchos padres, me toca la tarea de acompañar este deseo de cambio. Para un adulto esto significa también parar. Dejarse interpelar. El estar parado lo podemos usar en dos de sus sentidos: uno, quedarse quieto en un caminar para luego retomar la marcha o cambiar de dirección, y dos, estar de pie ante las circunstancias de la vida.
Quisiera hacer un uso didáctico, por decir así, de estas imágenes. Y desearía hacerlo en la perspectiva del “quiero” y del “necesito”, ya que es tarea de los adultos discriminar, distinguir, estos conceptos racionalmente.
“Quiero” una mejor educación para mis conciudadanos. Lo “necesitamos” como país para avanzar.
“Quiero” que se vayan Froilán y otras personas que han corrompido el ejercicio del poder. “Necesitamos” que pare la impunidad. A través de la intervención organizada, incluso institucionalizada, con sensatez, con coraje, pero a la vez con sentido común.
“Quiero”, dice el escrito de los reclamos de los representantes estudiantiles ante el MEC, más Estado: con kits, presupuesto, boleto estudiantil, ley del Fonacide, autonomía de centros de estudiantes, almuerzo escolar. “Necesitamos” estructuras y la subvención del Estado a las iniciativas sociales, pero, cuidado, ¡sin anular jamás al propio sujeto de las mejoras! Así como no se puede superar la pobreza sin los pobres como protagonistas, no se puede pedir que el Estado cubra todo sin que luego pretenda controlarlo todo. Y cuando el Estado lo controla todo, la sociedad se ahoga, las iniciativas se atrofian, y lo que comienza como un deseo de justicia y equidad, fácilmente, se convierte en caldo de cultivo de oportunistas y zánganos que viven del discurseo. Entonces, Estado sí, pero con el rol de subvencionar las obras de bien común que parten de personas, familias y grupos con rostro propio.
“Quiero” una educación de calidad. “Necesitamos” “comenzar por mí”, darnos por aludidos, o todo se convierte en alienación. Eso pasa por el sacrificio, la perseverancia, el buen uso de lo público, por la construcción de relaciones donde los demás signifiquen un bien para mí. Así que paremos, pero para pensar.