La embajadora Julia Velilla Laconich y el poeta y embajador de Venezuela ante la Unesco, Luis Alberto Crespo, se refirieron al poemario en el Círculo de Delegados de la Unesco, con sede en París.
Durante el acto, la embajadora leyó un comentario escrito por el ex embajador de Costa Rica ante la Unesco, Jaques Sagot (tres veces Premio Nacional en su país, de literatura, ciencias y música), quien no pudo llegar al acontecimiento.
A su vez, el coordinador de la presentación, José F. Samudio Falcón, se refirió a la autora y el libro de la siguiente manera:
«A lomos del viento volandero me ha llegado el poemario de Maybell Lebron. Versos aéreos que cruzaron el océano haciendo piruetas sobre alisios y septentriones. Los escribió una adolescente, una chiquilla de noventa años. Sé que es un lugar común decirlo, pero la verdad es que hace mucho dejé de temerle a los lugares comunes. Algo ha de tener el agua, puesto que tanto la bendicen. Y lo que este poemario prueba es que solo hay una juventud, la del alma. El mundo está lleno de mozos y mozas que arrastran sus almas milenarias y escleróticas, grávidas de pesares y prejuicios; y de hombres y mujeres que ya transitan el otoño de sus vidas y llevan por dentro una eterna, siempre reverdecida primavera.
Maybell Lebron se asoma al mundo con ojos desmesuradamente abiertos de niña que despunta a la vida. Niña atónita ante el milagro del ser. Todo, para ella, está preñado de misterio, todo es objeto de deslumbramiento, de émerveillement. Es poeta desde la raíz del ser, desde el fondo de la sangre. Su poesía es tan bella, diáfana, pura, que lo único que me nace decir es: ¡Qué lástima que no la haya escrito yo! Lo que es más: confieso que, de poder, me la robaría. Es lo que uno hace con las cosas que ama, ¿no es cierto?
El poemario es hermoso de la primera a la última sílaba. Desde el epígrafe hasta el poema final, que rinde tributo al río Paraguay, metáfora —es lo propio de los ríos— del tiempo, la vida, el devenir. “Nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar, que es el morir”, hace siglos cantó Jorge Manrique.
Leer los poemas de Maybell Lebron es ir de deslumbramiento en deslumbramiento. Los epígrafes constituyen un paratexto que ilumina cada opus y dispara el pensamiento en todas las direcciones imaginables. No son elementos externos al poema, son partes constitutivas de ellos.
No hay un verso que no sea bello, no hay una imagen que no suscite cantaradas de asociaciones, no hay nada, en este poemario, que no me haya interpelado (y conste que soy ya un viejo cartógrafo de esa vasta comarca que llamamos poesía). No sé qué decir. Creo que la belleza superlativa tiende a sumirnos en el silencio y el recogimiento.
Maybell, hermana en la poesía: ocho mil quinientos kilómetros nos separan en este momento y, sin embargo, tus versos han burlado la distancia. Me siento tan cerca de ti, que desde mi litoral te mando un abrazo entrañable en la belleza. Tu poesía ha confirmado mi sospecha: el espacio y el tiempo no existen, y no pueden separar lo que la palabra ha soldado para siempre.»
La presentación de este libro contó con el auspicio de la Delegación Permanente del Paraguay ante la Unesco. La obra ya había sido elogiada en nuestro país por el crítico Osvaldo González Real y la escritora Renée Ferrer.
Sobre la autora. Maybell Lebron nació en Córdoba, Argentina, y está radicada en nuestro país desde 1930. Comenzó su carrera literaria en 1982 escribiendo sus primeros cuentos y poemas. Más tarde participó en los encuentros sobre narrativa y poesía dirigidos por el profesor Carlos Villagra Marsal. Actualmente es miembro de la Sociedad de Escritores del Paraguay y también fue cofundadora de Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA).
Es también autora de los libros Puente a la luz (poemas), Memoria sin tiempo (cuentos), Pancha (novela), Ayer, tal vez mañana (poemas), El eco del silencio (cuentos) y Cenizas de un rencor (novela).