Opinión

Más allá de la prensa “amiga” o “enemiga”

Gustavo A. Olmedo B Por Gustavo A. Olmedo B

Aún recuerdo cuando, hace muchos años atrás, el encargado de comunicación de una Comuna del interior del país, con el que gestionaba la entrevista con el intendente local, me hizo esta pregunta: ¿Son prensa amiga o prensa enemiga? Sorprendido, lo único que atiné a decir fue el nombre del periódico al que pertenecía, como queriendo expresar que simplemente era un periodista que buscaba información y punto.

Leyendo en las redes sociales las críticas sobre el tratamiento informativo en torno a la crisis sanitaria, la inseguridad, entre otros, volvió a la mente aquel concepto, así como la necesidad de recordar el papel del llamado cuarto poder.

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No cabe duda que la prensa posee un rol fundamental en la percepción de la gente en torno a una situación, personaje o tema. Cada medio de comunicación tiene capacidad -en menor o mayor medida- de infundir duda, rechazo o aceptación hacia diferentes temas; de posicionar o reprobar un evento; de resaltarlo o pasarlo a segundo plano. Del abanico de elementos que conforman la realidad, el medio –el periodista- tiene la enorme responsabilidad –y no solo el privilegio, como dicen algunos- de seleccionar cuál de ellos es el más importante y por qué.

Es por ello que los medios de comunicación y, sin dudas, sus profesionales, los periodistas, son claros protagonistas de la construcción de una sociedad. Y es aquí en donde su compromiso con la verdad, transparencia, objetividad y honestidad tiene un valor más que determinante; deberán ser la brújula a la hora de difundir una información, analizar un hecho o exponer a una figura. ¡Cuánta responsabilidad!

El compromiso de los medios de comunicación no es el de ser amigos o enemigos de nadie; es más, es una prioridad evitar ser parte de cualquier lucha o pugna de grupos políticos o económicos. La prensa “amiga” o “enemiga” son dos caras de la misma moneda; de la falta de ética y profesionalismo de periodistas y/o propietarios de medios.

La empresa puede estar en contra de tal o cual situación, de un determinado político, director o empresario, pero todo lo que difunda debe ser resultado del esfuerzo honesto y serio por exponer todos los componentes de la realidad; el contexto y las causas que permitan su comprensión, desprendiéndose de un objetivo ajeno a lo periodístico.

El medio se debe completamente a su público y a la verdad que este espera y confía recibir de él.

“En cuanto el periodismo se ejerce como un poder pierde su esencia y se convierte en otro más de los poderes que se disputan el control de la sociedad, mediante el uso de la fuerza, del dinero o de las argucias de los políticos”, expresaba el notable periodista colombiano Javier Darío Restrepo (1932-2019), maestro de ética de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, y quien nos honró con su visita en este diario.

Sin embargo, es justo reconocer que la objetividad e imparcialidad total es un ideal imposible en la tarea periodística, pero al cual se debe apuntar con todos los recursos posibles. Por ello, como dicen los estudiosos de la ética, no debemos preocuparnos por ser objetivos, sino por ser honestos en esta búsqueda. En este orden, cabe promover una permanente y saludable postura de autocrítica del periodismo, al tiempo de incentivar una mirada analítica del público, el que debe aprender a diferenciar a los medios éticos.

Por otro lado, en este tiempo de tanto dolor y luto, por los efectos de la pandemia, la prensa está llamada a recuperar ese papel fundamental de promover valores vitales, como bien lo expresara el mismo Restrepo:

“¿Y por qué para la gente puede ser más necesario un periódico que un pan? Dándole vueltas al asunto, llegué a esta conclusión: uno puede vivir sin pan, pero no puede vivir sin esperanza. Y un periódico, eso es lo que tiene que hacer, convertirse en algo más indispensable que el pan: debe fortalecer la esperanza de la gente en momentos de crisis”. Un compromiso que vale asumir.

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