El asentamiento nació hace quince años, con una masiva ocupación de familias humildes de una extensa propiedad en San Lorenzo. Lo bautizaron Marquetalia, en homenaje a la célebre localidad colombiana donde se inició la guerrilla de las FARC, en los años 60.
El nombre fue decidido por dirigentes de izquierda que en los años 90 tenían mucha influencia en las organizaciones de los sintechos. La mayoría de los pobladores ni siquiera sabían de qué se trataba, pero aquella denominación los marcó a fuego, y cargaron con ella como un estigma, durante varios años.
En un país de etiquetas fáciles, en que la realidad se mira siempre de manera simplista, en blanco y negro, Marquetalia empezó a ser vista como un “territorio liberado” por presuntas bandas de delincuentes, unidas a “grupos terroristas subversivos”, en donde ni siquiera la policía se animaba a ingresar, y que supuestamente era habitada por “haraganes” y “sinvergüenzas” que preferían vivir en la marginalidad antes que ponerse a trabajar honradamente.
Es un estigma con el que cargan otros asentamientos humanos también humildes, algunos tan antiguos como la propia ciudad de Asunción, entre ellos el querido barrio de la Chacarita, o los núcleos suburbanos nacidos en los bañados Sur y Norte, además de otros barrios también conocidos despectivamente, como Añaretã’i (pequeño infierno) o Mundo Aparte, aunque oficialmente se llamen de otra manera mucho más digna.
Pero casi ninguno de los que creían y repetían en forma automática las acusaciones sobre Marquetalia (y que son las mismas que se repiten siempre sobre la mayoría de los asentamientos de gente pobre, en el campo y la ciudad, en todo el Paraguay) fueron capaces de ir a ver con sus propios ojos lo que sucedía realmente.
Si lo hubieran hecho, quizás se hubieran sorprendido, porque se habrían encontrado con una comunidad humilde, esforzada y laboriosa, que asumió el desafío de enfrentar y derrocar a su propia leyenda negra, tratando de superar sus contradicciones y conflictos, en muchos casos generados por personas de afuera, principalmente caudillos de diversos signos ideológicos, en busca de votos.
Hoy Marquetalia ya no se llama así, por propia decisión de sus pobladores. El nuevo nombre elegido es Territorio Social 26 de Febrero. Se han instalado allí empresas maquiladoras y pequeñas fábricas que generan nuevas fuentes de trabajo. El mismo paisaje urbano fue cambiando y ya no se ven los guetos marginales inaccesibles, sino calles arboladas, plazas y parques.
En la tarde del viernes se dio un hito histórico, cuando el actual Gobierno procedió a regularizar y a entregar los títulos de propiedad a 740 familias, con lo cual el 85% de la población ya es dueña del terreno en donde vive.
Es el comienzo de una nueva etapa para una comunidad tantas veces perseguida e injuriada, y es también una buena noticia, en medio de otras contradictorias persecuciones a otras comunidades urbanas y campesinas del país.