“Es un poemario que nos enfrenta con ese falso idealismo sobre la sangre indígena, una reflexión sobre el lenguaje, sobre la historia y su proyección en nuestro tiempo”, aseveró Azuaga.
Por su parte, Álvarez dijo sentirse contento con la reedición del libro publicado originalmente en 1992. “Me parece que era una deuda pendiente con los demás y conmigo mismo”, señaló.
Indicó que el poemario es un llamado de atención, porque –aunque retrata el pasado–, la situación actual con los nativos y su marginación no cambió mucho.