Editorial

Mantener la limpieza es también una responsabilidad colectiva

La pronunciada bajante de las aguas del río Paraguay y de la mayoría de los cauces hídricos ha dejado al descubierto la enorme cantidad de basura arrojada, con un alto efecto contaminante. Más allá de las generalizadas críticas a las autoridades de los municipios, gobernaciones y al propio Gobierno Central por permitir este nivel de polución, no se debe soslayar la gran responsabilidad de la propia ciudadanía en este proceso. Se requiere trabajar mucho más en la educación ambiental, en crear mayor conciencia en todos los niveles, para entender que la destrucción de nuestro hábitat cotidiano es una manera de destruirnos a nosotros mismos. Una crítica situación que nos urge revertir.

El agua es probablemente uno de los más valiosos recursos naturales que posee el Paraguay, no solamente por tener en nuestro territorio a dos de los mayores ríos de Sudamérica, el Paraná y el Paraguay, además de una gran cantidad de cauces hídricos menores, sino también por importantes reservorios de agua subterránea, especialmente el gran Acuífero Guaraní, compartido con los países vecinos.

Sin embargo, los ríos, arroyos, lagos y lagunas constituyen algunos de los recursos menos cuidados y más rápidamente afectados por la contaminación, especialmente porque gran parte de la población los considera directamente como vertederos en donde arrojar todo tipo de basura y residuos, tal como se revela en estos días con el pronunciado descenso de los niveles de los cauces, especialmente del río Paraguay, que ha sacado a luz las enormes cantidades de desechos que estaban ocultos en el fondo.

Como era de esperarse, ante la visibilidad de las montañas de basuras que aparecieron en las extendidas playas, principalmente en la zona de la Bahía y la Costanera de Asunción, se produjeron numerosas y generalizadas críticas contra las autoridades municipales y del propio Gobierno Central por no haber ejercido un mayor control y por permitir que se llegue a este alto nivel de polución.

Las críticas son atinadas. Los municipios tienen muchas falencias en los servicios de aseo urbano, de recolección de basura y de protección de los recursos naturales y del medioambiente. Sin embargo, no se debe soslayar la gran responsabilidad de la propia ciudadanía en este proceso.

Gran parte de la población paraguaya carece de adecuada conciencia ante el problema ambiental. Tiene que ver con la necesidad de mayor educación, pero también con la falta de programas educativos y a la poca infraestructura disponible desde instancias municipales y estatales. No hay buenos programas que instruyan a la población sobre sistemas de correcta disposición de basuras y reciclado, pero tampoco hay lugares adecuados en donde disponer la basura, ni esquema de recolección eficientes.

Un cambio de conciencia y de hábitos, sin embargo, es posible. El mejor ejemplo es el de la ciudad de Atyrá, en el Departamento de Cordillera, que ya ha incorporado la limpieza de su entorno como una forma de vida. Fue tarea de un recordado intendente municipal pionero, Feliciano Martínez, ya fallecido, quien dio el ejemplo e instruyó a sus compueblanos. Su legado ha quedado como un valor asumido y defendido por los pobladores. Y el ejemplo de Atyrá ha ido inspirando a otras localidades del interior, pero no de manera suficiente a gran parte del país.

En estos días se están dando interesantes experiencias de limpieza en forma colaborativa entre miembros de las Fuerzas Armadas, trabajadores municipales y grupos de pobladores voluntarios, especialmente jóvenes, pero hace falta más.

Se requiere trabajar mucho más en la educación ambiental, en crear mayor conciencia en todos los niveles, para entender que la destrucción de nuestro hábitat cotidiano es una manera de destruirnos a nosotros mismos. Una crítica situación que nos urge revertir.

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