Correo Semanal

Maneco Galeano, voz y melodía en un tiempo adverso

 

Antonio V. Pecci
Periodista y escritor

Dos fechas relativas al destacado compositor marcan este año. Por un lado, el de su nacimiento en mayo de 1945, en Puerto Pinasco, hace 75 años. Y, por otro, el de su fallecimiento, que se cumplirá en diciembre próximo, cuando solo tenía 35 años.

Evocar a Maneco Galeano es traer ante los ojos de nuestros lectores a una de las figuras pioneras del Nuevo Cancionero, ese movimiento que surgido en los años 70 pronto hallaría su mejor público en el ámbito estudiantil universitario, con el cual llevaría adelante la enorme tarea de renovar la música paraguaya.

Primeros años

De su infancia en la ribereña Puerto Pinasco le quedarán grabadas vivencias e imágenes que cruzarán sus composiciones, con un claro sentido social y resultarán plasmadas en su tema Pinasco:

“El aire olor a aserrín / el hombre, aire y quebracho / Pinasco, macate y agua / y barranca montaraz / era tan linda su estampa / de karanda'y y lapacho”.

Una letra en la que se evidencia su gran capacidad de síntesis para pintar un paisaje, su realidad circundante.

Luego será Asunción, la ciudad en que se desenvuelve, tras el traslado de la familia y donde inicia sus estudios. Su tiempo en las aulas del Colegio San José será decisivo para acercarlo a los grandes poetas de lengua castellana de la mano de destacados profesores. Pronto comenzará a buscar contacto con el mundo de los que gustan de la música, en coros y conjuntos a nivel de facultad.

Su risa y su notable capacidad de comunicarse con la gente son ya un sello inconfundible de su personalidad, recuerdan sus amigos.

Si bien ingresa a la universidad, pronto deriva hacia el canto y la composición con temas que estrena en un sitio que reúne a un público amante del folclore genuino como es La Guarida del Matrero, punto de encuentro de jóvenes creadores, sobre la avenida Félix Bogado. Allí estrena piezas como La chuchi, El ejecutivo y ‘Tomás té canasta, irónicos apuntes sobre la nueva burguesía asuncena.

Madurez creadora

Pero es en el ámbito de los festivales universitarios independientes donde adquiere su mayor vuelo creativo y su figura emerge con fuerza. Junto a entrañables compañeros con quienes comparte la visión de una patria nueva, como Carlos Noguera, Juan Manuel Marcos, Mito Sequera, su hermano José Antonio, impulsan el grupo Joven Alianza, que sería desbaratado por la Policía, hacia 1971.

A este periodo corresponden piezas emblemáticas como Soy de la Chacarita, la guarania Despertar, San Juan No que sí, Para un rostro labrador, José trombón, entre otras. Alterna sus momentos de bohemia y encuentros con su tarea de periodista en diarios como ABC y luego Hoy, donde llama la atención de la calidad de su prosa.

Pronto, en conjunción con otros intérpretes es uno de los fundadores del grupo Sembrador. Ya el movimiento del Nuevo Cancionero está en pleno auge con grupos como Vocal Dos, Juglares, entre otros, que se plantean la renovación del escenario musical, con el rescate de las piezas de la época de oro de la guarania y, por otra parte, con el aporte de sus propias canciones.

Junto con Jorge Garbett creará temas como Ceferino Zarza, compañero, escribiendo la letra, así como el texto de Cantando, musicalizado por Jorge Krauch. Junto a Carlos Noguera, destacado músico, componen Al caído en la víspera, homenaje a Víctor Jara, asesinado por la dictadura de Pinochet.

Si uno se pregunta por qué surge una figura como Maneco y el Nuevo Cancionero, este hecho tiene que ver con sus sueños, desvelos y esperanzas en torno a su país, a su pueblo. Como lo dice su hermano José Antonio Galeano, “es la obra de un artista tan paraguayamente contemporáneo”, inquieto ante la opresiva realidad social y política, que busca su fuente de inspiración en referentes destacados como José Asunción Flores o en Augusto Roa Bastos, a cuyo poema Donde la guarania crece, le pone melodía.

El Festival de Ypacaraí le concede en 1980 el segundo Premio por Poncho de sesenta listas, su última canción.

A fines de ese año fallece a consecuencia de un cáncer de pulmón.

Un legado artístico

Tenía 35 años y un ancho porvenir. Sus canciones, como las anécdotas en torno a su vida, siguen siendo una fuente de inspiración para nuevas camadas de artistas.

Como dice su entrañable amigo Carlos Noguera y cantautor: “Pocos artistas han sabido describir en su esencia la sabiduría del alma paraguaya, sus sueños, sus pasiones, y su lucha por construir una vida digna en medio de tantas adversidades, como lo ha hecho Maneco Galeano en sus canciones. Su vida fue como un breve relámpago, que iluminó a nuestra generación, y su temprana partida, nos dejó un vacío imposible de llenar”.

Su figura, sus canciones y su poesía renacerán en los Festivales Mandu’arã, que a mediados de la década de los 80 convocará a públicos crecientes que se sienten identificados con las nuevas propuestas musicales y artísticas, que superan el estrecho ámbito del arte impulsado por régimen basado en el purahéi jahe’o y el purahéi kele’e, expresiones sin contenido ni cuestionamientos.


Aniversarios

Se cumplen 75 años del nacimiento del gran cantautor que nos dejó canciones emblemáticas como Soy de la Chacarita, Dos trocitos de madera y Despertar.

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