06 abr. 2026

Los profesores dioses

Por Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py

Susana Oviedo

En el proceso de depuración que al parecer avanza imparable en la Universidad Nacional de Asunción, además de ayudar a transparentar los hechos de corrupción que, por cierto, siguen dejándonos boquiabiertos y aumentando nuestra indignación, surgen otras facetas oscuras que dábamos por perimidas.

Nos referimos a la vigencia de los profesores todopoderosos que responden a un modelo pedagógico autoritario, superado hace décadas.

Personas de una gran soberbia y dilatado ego, que se consideran dueños absolutos de la verdad, que experimentan la docencia no tanto como una vocación de servicio, sino sobre todo como un espacio de ejercicio de poder sobre los educandos. En pocas palabras, profesores que en el recinto universitario se sienten cuanto menos una deidad.

Si la cuestión fuera solo lidiar con el ego o la soberbia de este espécimen de profesores universitarios, no pasaría de ser un gran desafío para los estudiantes. Pero cuando asumen poses de señores feudales y actúan como tales dentro de la cátedra, se conducen como tiranos que desprecian a sus estudiantes. Fácilmente adoptan posturas discriminativas, particularmente con las mujeres, porque además están convencidos de que estas son el sexo débil.

En el fondo, padecen de un machismo enfermizo y consideran que las mujeres no deberían estar en las universidades y, como no pueden evitarlo, entonces exigen que lo hagan vestidas de falda. Nada de jeans, como dicen que exigía un profesor de Televisión en Periodismo de la UNA que, peor aún, no tenía la más mínima consideración hacia las alumnas que por problemas de embarazo faltaban a sus clases.

Parte de este grupo de docentes universitarios están los que exigen que se compre y adopte como texto obligatorio de su cátedra el libro que escribieron. Están los que acosan a sus alumnos y/o alumnas, extorsionándolos con reprobarlos, si no responden a sus requerimientos sexuales. Están los que denigran constantemente a los estudiantes tratándolos de ignorantes y desalentándolos a cada paso, en lugar de animarlos a superarse y a crecer.

Estos profesores producen muchísimo daño en todas las facultades. En unas más que en otras. Depende del grado de impunidad y del nivel de temor que se haya generado en cada unidad académica.

Por eso, un rotundo cambio en la UNA tiene que incluir la creación de una instancia ante la cual los estudiantes puedan recurrir para denunciar, con total libertad, conductas tan reprochables como las que aún desarrollan algunos catedráticos para los que no representa absolutamente nada el hecho de que desde hace 25 años estamos construyendo democracia en el país.