12 may. 2026

Los montevideanos abarrotan las playas en homenaje a Iemanjá, diosa del mar

Montevideo, 2 feb (EFE).- Miles de devotos de la religión umbandista, curiosos y turistas festejaron hoy en Montevideo el día de Iemanjá, diosa del mar de reminiscencias africanas, y abarrotaron todas las playas de la ciudad para presentarle sus ofrendas en demanda de prosperidad, salud y amor.

El culto umbandista a Iemanjá llegó a América a través de los esclavos negros de la época colonial, y se celebra cada 2 de febrero, en coincidencia con la Virgen de la Candelaria. EFE/Archivo

El culto umbandista a Iemanjá llegó a América a través de los esclavos negros de la época colonial, y se celebra cada 2 de febrero, en coincidencia con la Virgen de la Candelaria. EFE/Archivo

“Iemanjá ha pasado de ser una fiesta meramente religiosa africana a ser también una fiesta popular, una tradición de Uruguay que se celebra en las aguas de los océanos y los mares y también en los ríos. Se celebra la vida que representa el agua”, explicó a Efe la mae (sacerdotisa) Susana Andrade.

El grupo Atabaque de la Institución Federada Afroumbandista (IFA) al que pertenece Andrade organizó en el puerto de Buceo de Montevideo una ofrenda especial que contó con la presencia de la intendenta de la ciudad, Ana Olivera.

Andrade y otras maes y paes (sacerdotes) de la religión umbandista bendijeron, en compañía de un nutrido grupo de personas devotas o atraídas por el evento, las ofrendas a Iemanjá con una serie de cánticos y bailes al ritmo de varios tambores y de una campaña, y luego subieron a un barco y se adentraron en el mar para arrojarlas al agua.

“Es una forma distinta de hacerlo pero tiene el mismo valor que las ofrendas hechas en la orilla de las playas, simplemente es un símbolo de la fe que tenemos, y entregamos energía al agua, elemento necesario para la vida, para que a su vez nos devuelva agua y salud”, indicó la mae.

Vestidas de blanco o de celeste, adornadas con collares y pulseras, y sin que los cánticos cesaran, las devotas pidieron a Iemanjá “todo lo que los hermanos puedan necesitar para bien de sí mismos y de la comunidad que integran”, dijo Andrade.

La playa Ramírez fue otro de los puntos neurálgicos del día, llena de devotos que moldearon pequeños altares en la arena iluminados con velas y fabricaron barcos de papel que depositaron en la orilla junto a otras ofrendas mientras cantaban y rezaban ante la mirada de cientos de personas que se acercaron a observar.

El culto umbandista a Iemanjá llegó a América a través de los esclavos negros de la época colonial, y se celebra cada 2 de febrero, en coincidencia con la Virgen de la Candelaria, pues la única manera que tenía la comunidad afro de mantener sus tradiciones era hacerlo en sincretismo con las festividades católicas.

Hoy en día ambas celebraciones conviven hermanadas, y entre las ofrendas se pueden encontrar imágenes de Vírgenes y objetos paganos, “lo que demuestra”, según Andrade, que “no hay fronteras en el mundo espiritual” y que los problemas los crean las personas “poniendo barreras donde no las hay”.

En el caso concreto de Uruguay, la tradición de festejar Iemanjá en la playa llegó a través de Brasil a mediados del siglo XX y se fue expandiendo hasta el punto de poder convocar en la actualidad, según datos ofrecidos por la sacerdotisa, a 500.000 personas.

“Esta expansión también tiene qué ver con gobiernos progresistas que han marcado instancias de apertura para la recuperación de estas culturas que han estado renegadas y marginadas, cuando no negadas, por sus orígenes étnicos”, dijo Andrade.

En Uruguay, el Ministerio de Cultura, el de Turismo, el de Desarrollo Social y la Intendencia de Montevideo declararon el día de hoy como de “interés”, lo que significa que se despliega un operativo especial en cuanto a policía, tráfico, limpieza y otros servicios para que la fiesta se pueda llevar a cabo sin incidentes.

A este respecto, la intendenta de Montevideo, Ana Olivera, señaló a Efe que desde su gabinete tratan que esta actividad se desarrolle de la mejor manera posible porque no sólo congrega a los devotos practicantes sino también a miles de visitantes “compatriotas y extranjeros”.

En su caso personal, dijo que ella no acude ni como devota ni como curiosa, sino “como intendenta de Montevideo a manifestar”, como hace con el resto de religiones, “el fomento y la promoción de la diversidad” del país.

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