24 abr. 2026

Los colores rumorosos del poeta

La poesía de Óscar Ferreiro sigue ofreciendo aristas todavía no del todo percibidas por quienes la solemos visitar. Una de ellas es la estela de colores que recorre sus versos, fuesen éstos de acento surrealista o popular. Pensemos en sus Poemoides de admirable soltura musical, donde la llama simbolista marca rumbos, y en sus sucesos y compuestos de El Gallo de la alquería, en los que se fusionan el lenguaje del romancero español con el rico jopara de los suburbios barriales, para dar vida a pasajes y personajes que animan nuestras historias. Deliberadamente escribo “nuestras historias”, en nombre de las dos culturas bien marcadas del bilingüismo, esas que pespuntean rumbos paralelos en nosotros, paraguayos, y de las cuales obtuvo provecho afortunado el poeta.

Al igual que su entrañable amigo Hérib Campos Cervera, el poeta Ferreiro ofició de agrimensor. La profesión lo llevó a desenrollar geografías de nuestro territorio, por intrincados montes donde abrevó en las fuentes de la sabiduría indígena, mientras en los espacios de descanso traducía a Jean Arthur Rimbaud, el que pintó cantando el famoso soneto a las vocales. Y Óscar, que fue también dibujante, dejó constancia de ello en sus escritos.

Por eso regresemos al rumor de sus colores. Sin olvidar el poema cardinal, que constituye Eriales, donde el clamor ante el desastre ecológico se hace patente y potente, ni el portento numeroso de sus neologismos, a los cuales recurría el poeta, “porque el castellano tiene sus limitaciones”.

De punta a punta, en casi todos sus poemas, los tintes brindan vida a la forma. Y el contenido se enriquece, porque el sueño del libre albedrío ha sido su norte de hombre y artista.

A cinco años de su partida, suspiran flores lilas y blancas, para que Óscar Ferreiro duerma “en la tierra celeste/ de los niños dormidos, allá donde agitadas mariposas azules/ tornasolan el frío/ convidando a la fiesta de la vida”. Desde allá él nos observa en la mañana que avanza sobre rojos tacones por un camino a verdes en la hora bermeja de aquel sueño tan bello. Desde allá, donde hermosas muchachas le acercan a los labios sus vinos de rubí.

Y desde aquel allá, que no es sino un perpetuo más acá, el poeta Ferreiro, que ha ingresado en la dialéctica del conocimiento universal, nos mira férreamente con sus ojos de cielo, para invitarnos, una y otra vez, a contar y a cantar, cuando la pena nos enlila, cabalgando caballos amarillos, sobre los rojos prados de la libertad.

Mario Casartelli

Poeta

homerobach@hotmail.com