Opinión

Los balines de goma del señor presidente

 Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Andrés Colmán GutiérrezPor Andrés Colmán Gutiérrez

No quería dejarlo más, por nada del mundo. Como generalmente ocurre con quienes llegan a sentarse en el histórico sillón de los López, Horacio Cartes fue probablemente contagiado por la misma enfermiza “obsesión del poder” que el escritor Augusto Roa Bastos describe con tanta genialidad literaria en su novela Yo el Supremo.

Es quizás la misma obsesión que el dictador Francia padeció hasta su muerte, con claroscuros contrastes. La misma que llevó al Mariscal López a arrastrar al país a una guerra de exterminio. La misma que hubo que arrancarle al general Stroessner a cañonazos, tras 35 años de despotismo. La misma de la que se privó al general Rodríguez con un artículo constitucional que prohíbe la reelección. La misma que hizo perder la mejor estrella de Nicanor en los laberintos del absolutismo.

Como la mayoría de sus antecesores, Cartes también aseguró que no buscaría la reelección presidencial, “porque la Constitución no lo permite”. Apenas pasaron meses de su tajante negativa cuando desplegó un maquiavélico operativo para imponer la inconstitucional enmienda de la Carta Magna y forzar la también inconstitucional reelección. En esa antidemocrática aventura obtuvo la insólita alianza del ex presidente Fernando Lugo, demostrando que la obsesión del poder no tiene diferencias ideológicas.

El intento fue resistido por las movilizaciones ciudadanas que acabaron reprimidas en forma violenta por la Policía, dejando un muerto y graves heridos, además de la quema de la sede del Congreso. Ante la crisis, a HC no le quedó otra opción que resignar su obsesión por el sillón de López.

Aún así, insistió con otros maquiavélicos planes para seguir ligado al poder, primero con un candidato delfín a la presidencia que no logró ganar las internas de su partido. Luego, anotándose también insconstitucionalmente en la lista de senadores activos, donde a pesar de los votos obtenidos, no le han dejado asumir el cargo y probablemente ya no lo harán.

Podría haberse marchado de la Presidencia por la puerta grande, con la aureola de las muchas obras viales que impulsó –a pesar de denuncias de negociados con participación de sus amigos– y por otros logros importantes, pero probablemente lo recordaremos más por los patéticos bloopers y por su desbordado autoritarismo, como el que exteriorizó este viernes, ante las cámaras de la televisión.

–Presidente: ¿Qué le responde a los jóvenes que se están manifestando? - le preguntó el periodista Alejandro López, en el Teatro Municipal.

–¡Balines de goma...! –repondió Horacio Cartes.

Hubiera podido ser incluso un mal chiste, si no fuera que con balines de goma disparados por la Policía le habían arrancado la mandíbula al diputado liberal Édgar Acosta, en aquellas recordadas protestas contra la reelección.

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