En el instituto de educación donde trabajo se debatió mucho sobre las declaraciones del diputado Portillo en un show televisivo. Varias de mis compañeras son pedagogas y trabajan desde hace décadas en la formación docente, por lo que se cuestionaron acerca de su labor y los eternos problemas de la educación paraguaya. Es que Portillo, célebre por tener una materia gris sin uso, afirmó que él es así porque es un producto de la educación pública paraguaya.
¿Tiene razón Portillo? Cuando uno se encuentra con alguien con tan baja preparación, ¿debe inmediatamente culparle al sistema educativo en que estudió tal persona? Evidentemente el problema es bastante complejo y aquí apenas podré mencionar algo.
El diputado algo de razón tiene. Alguien como él no hubiese pasado de grado ni siquiera rompiendo la pared, como dice el chiste, pero no solo egresó como bachiller sino que tiene un título universitario como abogado y otros más al parecer. Cae de maduro que el filtro evaluador es tan pererî y corrupto, lo que da por resultado que alguien como nuestro congresista pase todos los exámenes.
Sin embargo, yendo a una cuestión más profunda y que tiene que ver con procesos cognitivos, aquella máxima medieval que decía que Lo que natura non da, Salamanca non presta puede aplicarse a este caso. Es decir, es muy probable que la condición de ignaro de Portillo se deba a problemas de aprendizaje que ni el mejor sistema educativo mucho podría ayudar.
Una psicóloga me recordó la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, que tiene el gran mérito de democratizar y matizar nuestras situaciones cognitivas. Esta teoría dice que nosotros solemos llamar inteligente a alguien juzgándolo solo en un aspecto, mientras que la inteligencia es un fenómeno mucho más amplio. En este sentido somos injustos con Portillo, porque solo lo juzgamos por su capacidad de expresión lingüística (que merece toda una columna aparte y donde surge una pregunta clave: ¿Cómo se expresa en guaraní nuestro diputado?) o sus conocimientos en ciertas materias específicas.
Sin embargo, hay más inteligencias. Lo vimos bailar y moverse, lo que implica un amplio desarrollo de la inteligencia corporal; ha logrado ser diputado, lo que podría explicarse por un buen desarrollo de su inteligencia emocional (entre otros temas ya muy sabidos de nuestra política criolla) y ha desarrollado una capacidad de mentir muy asociada con la anterior.
En fin, la cuestión fundamental es que lo que dijo nuestro congresista no es algo menor para nuestra educación pública, pero en este caso culpable totalmente no es.