Lastimosamente a veces necesitamos de situaciones extremas para poder comprender y descubrir actitudes y condiciones en gente que ya conocemos, e incluso conocer gente nueva que no conocíamos. Esto es lo que me ha ocurrido a mí en estos 94 días de calvario que sufriste, Fidel.
Habiendo estado ausente e incomunicado recién te vas enterando de cómo se transformaron nuestros mundos, los más pequeños, de la familia, de los amigos, pero también los más grandes, los más colectivos, los de la patria, del Estado, de la nación. Estas líneas quieren contribuir a sumar a esa información que sé que hoy te es urgente.
Tuve la suerte de poder decírtelo en persona: aprendí que hay que saber vivir momentos y decir lo que uno siente cuando la gente que uno quiere está. Después puede ser tarde. La gran duda de si volvería a verte que me consumía por dentro, tantas noches me impidió dormir y tantas veces me hizo llorar, hoy se ha ido. Pero ha quedado la lección. Hoy te lo vuelvo a decir: estoy orgulloso de que seas mi amigo. Cómo te extrañamos, hermano querido. ¡Qué impotencia todos estos días!
En estos 94 días descubrí tu familia, Fidel. Tal vez dos palabras basten para describirla: amor y coraje. Amor por vos, por tu vida, por lo que representás, por lo que fuiste, sos y vas a seguir siendo para ellos. Coraje para enfrentar estos días, con una dedicación completa a un solo tema: traerte de vuelta sano y salvo.
Descubrí que los héroes no son seres perfectos e inalcanzables. Los héroes son seres humanos de carne y hueso que enfrentados a situaciones límite son capaces de sacar lo mejor de cada uno. Descubrí héroes en Diego, en Gonzalo, en todos tus hermanos. Descubrí héroes en Facu, Gero y Santi que a sus cortas edades se la bancaron como el que más. En tus sobrinos, tus primos, tus tíos. Todos al pie del cañón, Fidel. Descubrí heroínas en tu mamá y en Silvina. Las tenedoras de la fuerza, el sostén, el estoicismo. ¡Qué mujeres tenés, Fidel, qué mujeres! Descubrí héroes en tus amigos, representados en Ricardo, que sufrió y puso todo de sí, puso lo mejor que tiene, y eso, lo sabemos vos y yo, no es poca cosa.
Descubrí tu pueblo, hermano querido. Paraguay lloró tu ausencia. Te arrulló como a un hijo amado. Un pueblo bueno, de gente buena. Gente que quiere un futuro. Y vos representás ese futuro. Un futuro de esperanza, de trabajo. Un futuro de vida y no de supervivencia.
Y te descubrí a vos, Fidel. Hombre, con todas las letras. Hombre. Siempre supe de tus dotes de trabajo, de honestidad, de tu inteligencia, tu compromiso con la gente, con el país. Tu cautiverio sirvió para enseñarme más de vos. Enseñarme tu coraje. Tu capacidad de aguantar situaciones de sacrificio inmenso y hacerlo manteniendo la lucidez.
Ellos no te quebraron, Fidel. No pudieron con vos. Te hicieron sufrir. Te torturaron psicológicamente. Te mantuvieron 94 días esposado a un árbol. Pero no te doblegaron. Cuando llegaste nos impresionaste a todos, nos diste una lección. Hablaste de los demás, hablaste de la necesidad de cambiar el país. De transformar este caldo de cultivo de malandras y delincuentes en un país para todos, el mensaje caló hondo. Nos llegó a todos.
Cuando te secuestraron las ladinas hermanas: traición, barbarie, equivocación y cobardía, escribí una frase que en ese momento no quería haber escrito: “Todos somos Fidel”. Ojalá nunca haya tenido que escribirla. Me dolió mucho tener que hacerlo. Pero la frase llegó y se hizo pueblo.
Ahora, sin embargo, sos la viva representación del futuro, de nuestra patria, de nuestra nación. De la posibilidad real y certera que tenemos de salir del encierro en que nuestros gobiernos, nuestra sociedad y nosotros mismos nos hemos metido. Ahora puedo decir con orgullo que más que nunca, “Todos somos Fidel”.