Me estoy refiriendo a aquellas realidades que más sentimos existan en el Paraguay por lo que significan el mal socio-humano-económico y político que nos hacen.
Comienzo estudiando cuatro, pero abro la lista para que me ayuden a buscar otras.
Y cada una de estas realidades que voy a estudiar tienen culpables para que existan y no se solucionen en los diversos planos.
Lo primero de “lo peor” en el Paraguay es su empobrecimiento. Este se mide por datos numéricos. Pido ayuda a mis lectores para dar los números de pobres y de extrema pobreza que tengamos entre nosotros.
Pero, también, hay otro modo de expresarlo colocando en medio de nuestra población ese abismo de desigualdad entre los que viven con las necesidades bien cubiertas y los que no viven, sino que sobreviven. Con el agravante que este grupo va cada vez aumentando más y más por desprendimiento ciudadano del otro más afortunado.
Doy una opinión.
Viven, pero muy bien entre nosotros, las doscientas familias con más capital y tierras con ellas las sucursales de las multinacionales, los bancos y todo el conglomerado de profesionales, empleados y obreros que los rodean. Les sirven y se benefician por ello. ¿Cuántos serán todos estos? Pido ayuda a los lectores. ¿En total un millón? ¿Dos millones? ¿Tres?
Recuerden que la población del Paraguay somos siete millones, más o menos.
Vamos a fijarnos en los números de pobres y extrema pobreza que me den. O, si les parece mejor, en ese bloque grande situado por debajo del abismo de desigualdad socio-económico-político que tenemos, uno de los mayores del mundo.
Lanzo preguntas sobre el tema antes de escribir el segundo artículo sobre él.
¿Quién tiene la culpa de la desigualdad existente? ¿La historia? ¿El sistema capitalista?
Díganme otros nombres concretos de personas e instituciones.
¿Qué hace el presidente Marito y su gobierno para darle solución? ¿Qué hacemos nosotros?