MariaElena-Galeano@uhora.com.py
Muchos deciden estancarse ante las desventajas que la vida presenta y otros, como Livia Melgarejo, convierten esas dificultades en ventajas. “A los 15 años decidí estudiar locución y transformar lo que vivía como una debilidad en una fortaleza”, cuenta Livia, quien desde niña sufría a causa de la tartamudez y su timbre grave de voz.
Mediante la locución descubrió que, justamente, su voz podía ser una herramienta y que la comunicación no era “solo hablar, sino escuchar, empatizar y conectar”, en palabras de Livia. Al finalizar la etapa escolar, finalmente eligió la carrera de Ciencias de la Comunicación en vez de Derecho –que también era una opción–, pues entendió que la comunicación le permitiría “ ser puente y ser voz de otros, especialmente de quienes tienen dificultades para expresarse”, según explica ella misma.
Así, sus primeros pasos profesionales se dieron en televisión y luego en radio. Entre 2004 y 2007 trabajó como periodista en Radio Libre y escribió para su portal digital, además de involucrarse en la coordinación de eventos culturales de la Fundación Libre. Más adelante, ingresó a trabajar en Telefuturo como asistente de producción y luego, en la entonces Secretaría de la Mujer, hoy Ministerio de la Mujer. Allí se desempeñó durante cinco años como asistente de comunicación y luego como jefa de prensa.
Para la comunicadora, este proceso fue clave pues el contacto con mujeres, organizaciones sociales y espacios de toma de decisión reforzaron su convicción de que “la comunicación es una herramienta poderosa para conectar, visibilizar y generar soluciones”, como bien expresa.
Visión empresarial
Luego de una década de construir experiencia en su rubro, a los 24 años, Livia fundó su propia empresa de comunicación, a la cual denominó Pressencia. “Empecé sola, con una visión muy clara: hacer comunicación estratégica con empatía, ética y foco en las personas”, asegura. Hoy, más de 17 años después, su firma es una agencia integral que trabaja con marcas nacionales e internacionales, con un equipo de cerca de 20 personas entre staff y colaboradores.
“Sinceramente, no siento que haya enfrentado desafíos particulares por el hecho de ser mujer. En el ámbito en el que me desarrollé siempre me sentí respetada y valorada por mi trabajo, tanto antes como ahora”, sostiene la empresaria acerca del día a día que tuvo que vivir como profesional y jefa de su emprendimiento. Sin embargo, considera que los desafíos que ha tenido fueron los propios de emprender: sostener una empresa, liderar equipos, tomar decisiones y adaptarse a contextos cambiantes, según explica.
Para Livia, ser empresaria le brinda muchas satisfacciones: “La mayor, sin duda, es saber que a mi familia no le falta nada y que los sueños se pueden construir con los pies en la tierra, con disciplina y coherencia”.
Otro de sus logros como dueña de una agencia de comunicación es ver cómo esas oportunidades generadas ayudaron a muchos a crecer, aprender, y a cumplir metas y sueños. “A veces se traduce en logros materiales simples, pero profundamente simbólicos: mejorar su casa, vivir con dignidad, dormir tranquilos sabiendo que su trabajo vale”, refiere.
Detalla que su grupo de colaboradores está conformado por un equipo multidisciplinario y muy comprometido, integrado por comunicadores, diseñadores, videógrafos, editores, community managers, comerciales y administración. Así, año a año se van sumando integrantes y nuevos servicios a su empresa. “De hecho, este año Pressencia inaugurará su propio estudio, con set de fotografía y video, lo que nos permitirá producir más y mejores contenidos, alineados a las tendencias actuales”, adelanta.
Familia y crianza
Livia está felizmente casada hace 15 años con Juan Manuel Vinci, con quien celebró en noviembre pasado su aniversario de matrimonio.
“Soy mamá de tres hijos: dos hijas adolescentes, Constanza de 15 y Danna 13 años, y un hijo, Leo de 5 años. Son mi mayor tesoro, mi motor y mi escuela permanente”, confiesa Livia al mismo tiempo que afirma aprender y reaprender con ellos todos los días, “especialmente con mis hijas adolescentes que me desafían y me ayudan a crecer”, dice.
Sobre la crianza cree que los hijos están en proceso de formación y que los adultos tienen la responsabilidad de guiar, ordenar y poner límites. “Hay aspectos que deben ser reglas claras de la casa: la disciplina, el estudio, el respeto y el compromiso. Eso no se negocia y forma carácter”, manifiesta.
Por otro lado, asevera que en el ámbito vocacional es fundamental acompañar y no imponer. “Los padres debemos orientar, mostrar caminos y dar herramientas, pero permitir que cada hijo descubra su propio rumbo”, aclara. Según su experiencia con sus padres, ella tuvo la posibilidad de elegir y, además contó con el apoyo de sus padres, lo cual fue fundamental.