Correo Semanal

Literatura y revolución de 1922

 

Pedro Gamarra Doldán

La revolución de 1922, que en realidad va a durar más de un año, (se extiende de junio de 1922 a julio de 1923), durante cuyo tiempo se sucedieron cuatro presidentes, uno constitucional y tres provisorios, marcó seriamente la vida política, social y cultural del país. Significó también la ruptura del antiguo ejército nacional en la figura del coronel Adolfo Chirife, preferentemente, y el surgimiento de otros como el entonces coronel Manlio Schenone, mayor José Félix Estigarribia, que van a tener luego valor inmenso, en la Guerra del Chaco, nueve años después.

La revolución de 1922 significó la presencia de la Liga de Obreros Marítimos y la unión de obreros tranviarios en la defensa de la capital, en las dos oportunidades en que el ejército scherista-chirifista llegó a entrar en la capital.

Esta deuda del vencedor partido liberal-radical, para con obreros sindicalizados, significó también la presencia de autores socialistas en gran parte del microescenario nacional, y son casi una preanunciación del gran documento que fue El Nuevo Ideario Nacional, Asunción 1929, que es la unidad impresa de la intelectualidad socialista en medio del estado liberal.

La revolución de 1922 no fue solo un hecho político-militar. Lo fue también en música, compuestos, obras escritas, la prensa diaria o intencional. Pero hace poco tiempo Maribel Barreto, destacada escritora, dio a luz su libro Hijo de la Revolución (Criterio Ediciones, 2019) que tiene como sólido argumento a la revolución de 1922.

La escritora nos entrega una obra, en donde puede pensarse que como otras en ese renglón (Arturo Bray, Carlos Zubizarreta), crean textos, en donde lo literario y lo histórico, se combinan y muy bien. La autora, con un manejo perfecto del tiempo, la historia y las personas, describe ese tiempo, vivido casi plenamente en el interior, aunque también vivían algunos personajes en la capital: Asunción, ciudad con 100.000 habitantes, que todavía no dejaba de ser una aldea.

Maribel Barreto sorprende con la estructura de su libro. Es neorromántica, estilista del idioma español, y no se pierde en concesiones ante el uso coloquial en realidad, del español como primera lengua, de los actores, aunque ellos fueran campesinos.

No se identifica con los bandos en pugna: Todos son autores de los mismos aborrecibles sucesos. Nadie es perfecto, ni tiende a serlo, sí con los personajes descriptos en ella. No tiene, como ya dije, una sola ciudad como escenario único de los acontecimientos, ellos se mudan de una ciudad a otra. Los sucesos son gemelos.

La autora no sigue los modelos casaccianos (muy realistas), ni los roabastianos (muy intelectuales). No, Maribel Barreto, a partir de una estructura literaria adecuada, y de un español fácil y ameno, hace agradable la lectura y la satisfacción de ver lo creado, original y de buena conclusión.

Merecidamente la autora obtuvo con este Hijo de la Revolución, el Premio Nacional de Literatura 2019, es una muy buena obra y sirve como excelente modelo de ejercicio literario. Por lo demás, el prólogo de Juan Manuel Marcos, que lleva la obra, le da la unicidad de belleza a una buena obra literaria-histórica.


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