¿Se acuerdan de Pandorga y Semillita?
Eran los libros “de lectura” que llegaron obligatoriamente a miles de alumnos, por lo menos, durante años... Hace un tiempo los saberes en la escuela están diseminados en áreas y cada una requiere de cuadernillos para completar y con suerte de algunos libros breves para complementar los estudios.
Casi nunca se incluyen libros en las listas de “útiles”.
¿Serán inútiles? O más bien caros, inaccesibles, poco apreciados o desconocidos por los mismos adultos.
Cuando en los niveles avanzados se recomiendan a los chicos libros literarios en la escuela o en el colegio, es curioso: casi siempre los profes apuestan por autores y obras de adultos.
Y así resulta que, como a las mises en los concursos, a los más instruidos del cole solo “les llega” la literatura de Yo, el supremo de Roa Bastos o Cien años de soledad de García Márquez.
Bueno, ahora, si querés ser cool tenés que mencionar también a Paulo Coelho o a Isabel Allende, pero hasta ahí nomás...
A la literatura juvenil se acercan algunos chicos por moda, pero fuera del cole, como es el caso de los aficionados a Harry Potter y todas las seguidillas de historias de magia, magos y vampiros que tomaron provecho de su buena racha.
A excepción de los libros de Tolkien y de Lewis que también andan corriendo en algunos ambientes juveniles por eso de que se hicieron películas de El Señor de los Anillos, el Hobbit y las Crónicas de Narnia, es muy poco lo que se lee.
A lo sumo les hacen escribir como tarea las bondades de la lectura. Pero saber que es bueno leer no es lo mismo que leer.
¿Y los padres y profes cómo andamos?
Mi percepción es que la mayoría piensa que los libros son un adorno que embellece la personalidad, pero que no aportan nada sustancial a las personas.
Cunde una mentalidad utilitarista y quizás muy apocopada.
¿Cómo conectaremos el bullying, la falta de creatividad o dependencia cultural de los chicos con su nula afición a la lectura?
¡Incluso para hacer negocios son claves los libros!
Para comprender estructuras, esquemas, para escoger, para decidir, para enfrentar la realidad hay que formarse criterios.
Los buenos libros ayudan. Pero no vale mencionarlos en el examen, ¡tenés que leer los buenos y en suficiente cantidad!
Por favor, incluyan libros que valgan la pena en las listas de útiles.
Son más “útiles” que la plata para el recreo.
Y si leemos juntos, mejor todavía.