Opinión

Libertad responsable, la única opción

 

Cuando en el mes de marzo aparecieron los primeros infectados con el Covid-19 en el Paraguay, gran parte de la ciudadanía puso sus ojos y su esperanza en el Estado como la única institución que podría defendernos ante la pandemia.

El Estado paraguayo respondió rápidamente decretando una cuarentena total en todo el país y cerrando las fronteras, medidas que fueron acatadas sin protestar porque la gente estaba en pánico.

El resultado de las mismas desde el punto de vista sanitario ha sido muy bueno, pero su impacto en la economía ha sido catastrófico.

Actividades como las del turismo, eventos y gastronomía, han colapsado. Los profesionales independientes, los trabajadores del sector de servicio y los millones que se encuentran en la informalidad han visto sus ingresos caer abruptamente.

El Estado tuvo que responder ante esta gravísima situación con planes de emergencia y con subsidios masivos que le llevó a incurrir en un déficit fiscal gigantesco, que ha sido financiado con endeudamiento externo.

Hasta los más férreos economistas ortodoxos que defendían a capa y espada el control del déficit fiscal en un 1,5 por ciento del PIB, aceptaron sin reclamos que el déficit se disparara al 6 por ciento del PIB.

La única esperanza para ir saliendo de esta catástrofe económica estaba depositada en que la gradual liberación de las restricciones sanitarias podría ir normalizando el movimiento económico del país.

Nadie quería pensar ni hablar de un eventual rebrote de la pandemia y la necesidad de volver a una cuarentena total. En voz baja mucha gente murmuraba que eso iba a ser imposible… porque la gente estaba exhausta económicamente y agotada sicológicamente.

Eso fue lo que vimos esta semana en Ciudad del Este, donde ante el rebrote de los infectados con el coronavirus, el Estado quiso volver a imponer una cuarentena total, a lo que la ciudadanía de Alto Paraná, saliendo a las calles en forma multitudinaria y en algunos casos violenta, demostró su no aceptación.

Creo que este hecho nos demuestra que el modelo de combate a la pandemia apoyada totalmente en el accionar del Estado ha llegado a su fin. El Estado no podrá volver a decretar cuarentenas totales sin la aprobación de la mayoría de la población.

En lo económico tampoco el Estado podrá seguir asumiendo la tarea de ser el “único” responsable de reactivar la economía, porque, coincidiendo con lo que repite permanentemente Carlos Fernández Valdovinos, el Estado que representa solamente el 15 por ciento del PIB nunca podrá compensar el 85 por ciento que aporta ese sector privado que se ha desplomado.

En lo social tampoco el Estado podrá compensar las enormes pérdidas económicas que han sufrido millones de personas, solamente podrá mitigar y muy limitadamente a los más vulnerables. A partir de ahora tenemos que dejar de mirar al Estado y tenemos que adoptar –como en el Uruguay– una política de libertad responsable ante esta tragedia.

Libertad responsable es cuidado sanitario: Cuidándose a uno mismo, con la repetida frase de distanciamiento físico, lavado de manos y uso de tapabocas; y estar vigilante, exigiendo a las personas cercanas o vecinas el cumplimiento de esas medidas. Libertad responsable es consumo responsable: Comprando y consumiendo respetando el protocolo, porque solamente con la reactivación del consumo privado que representa el 65 por ciento del PIB podrá reactivarse la economía. Libertad responsable es solidaridad social: Apoyando a los cercanos como familiares, amigos y vecinos que la están pasando mal y a los lejanos que estén en los sectores más vulnerables.

A partir de ahora la contención de la pandemia, la reactivación de la economía y la contención social no podrá depender únicamente del Estado… también dependerá de vos que estás leyendo este artículo, dependerá de mí y de cada uno de los miembros de nuestra sociedad.

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