Durante una visita a las históricas ruinas de la Iglesia de San Carlos, en la ciudad de Humaitá, destruidas a cañonazos durante un ataque aliado en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), el ministro de Defensa de Brasil, Aldo Rebelo, hizo un inesperado anuncio, al asegurar que el Gobierno de su país desclasificará los documentos de aquella contienda, que se guardaban celosamente en los archivos oficiales brasileños.
Sin duda, la noticia resultó sorpresiva, ya que responde a un antiguo reclamo de muchos historiadores e investigadores compatriotas. Aunque no se conocen aún detalles precisos del volumen y de la importancia de los documentos que Brasil guardó durante un siglo y medio con mucho celo, como si fueran secretos de Estado, se cree que aportarán datos nuevos para comprender mejor lo que fue el conflicto bélico y permitirán una mejor preservación de la memoria histórica.
El gesto del Gobierno brasileño, aunque sorpresivo, responde a una corriente internacional que apuesta por la transparencia. Un caso similar fue el que adoptó Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, durante su reciente visita a la Argentina, ocasión en que también procedió a desclasificar los documentos que el Departamento de Estado de su país poseía acerca de la llamada “guerra sucia”, sobre los graves hechos represivos y crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar argentina iniciada en 1974.
Es de esperar que el interesante proceso de revisión histórica iniciado por el Brasil avance en otros aspectos. El propio ministro Aldo Rebelo destacó que su Gobierno está particularmente interesado en el rescate de dos buques de la Armada brasileña que permanecen hundidos en territorio paraguayo, el Eponina y el Río de Janeiro.
Estas reliquias de la Guerra, lamentablemente, se encuentran en estado de olvido y abandono por parte del Estado paraguayo, al igual que muchos monumentos en los lugares de batalla.
Uno de los actos con los brasileños se realizó en las trincheras de Estero Bellaco, en Ñeembucú, frente a un monolito que se cae a pedazos. Este panorama de desidia con respecto a nuestros sitios históricos no habrá causado muy buena impresión a los visitantes.
Sería interesante que el Paraguay reclame al Brasil, además, la devolución del célebre cañón Cristiano, que fue construido durante la Guerra con el metal de las campanas de las iglesias, que aportaron las poblaciones a lo largo del territorio nacional y que hoy se guarda en el Museo de Historia de la ciudad de Río de Janeiro, considerada como una preciada reliquia por el pueblo paraguayo.
Pero para poder exigir su retorno al país, quizás deberemos antes aprender a cuidar, valorar y proteger mucho mejor nuestros lugares históricos y nuestras propias reliquias culturales.