Opinión

Leidy Luna

Andrés Colmán Gutiérrez Por Andrés Colmán Gutiérrez

Tiene un nombre y apellido poético, musical y literario: Leidy Luna. La dama de la Luna. El título de una novela de Amy Tan, la letra de una rumba pop de El Arrebato. Una conmovedora historia familiar, de humildad y laboriosidad campesina guaraní. Tanta carga de sueños y de un futuro labrado a pulmón, que nadie podría siquiera imaginar que todo pueda acabar de un modo tan trágico y terrible, a los 23 años de edad, en su primera noche fuera del país, a escasos metros del mar, en el paraíso latino de Miami.

Embed

La historia de Leidy Vanessa Luna Villalba, oriunda de la compañía Mbokaja Cerrito, del distrito de Eugenio A. Garay, ex Chararã, pequeña ciudad situada al pie del imponente cerro Tres Kandu, el más alto del Paraguay, en el mágico Guairá, es la misma historia de tantas chicas y tantos chicos jóvenes, nacidos en cuna humilde, con muy pocas oportunidades en su entorno rural, que deben realizar increíbles sacrificios para tratar de cumplir sus sueños.

El de Leidy Luna fue convertirse en enfermera, oficio tan glorificado en estos días de lucha titánica contra el Covid-19, que ya proponen trasladar a una de ellas como primera mujer en el Panteón Nacional de los Héroes (y de las Heroínas). Para cumplir su objetivo, Leidy tuvo que salir a trabajar, alternar sus estudios con empleos esporádicos, hasta que una hermana la recomendó como niñera de fin de semana para los hijos de Luis Pettengill y Sophia López Moreira, emparentados con el actual presidente de la República, Mario Abdo Benítez, y su esposa, Silvana López Moreira.

No habrá sido fácil concluir la universidad (le faltaba entregar la tesis) con los viajes de 216 kilómetros desde Garay a Asunción, pero no cualquiera tiene oportunidad de trabajar para una familia acaudalada. Luis y Sophia le propusieron que les acompañe en un viaje a Miami para cuidar a los niños. Dicen que Leidy dudó, nunca antes había salido de su patria ni se había subido a un avión, pero la oferta era muy tentadora, podría reunir más dinero para pagar sus estudios y ayudar a su familia, además tendría oportunidad de vacunarse contra el Covid y conocer el mar. Le pidió la bendición a su mamá, Ña Juana, y partió con su maleta de sueños.

Cuán cruel puede ser el destino, que apenas en la primera noche de su llegada a tierra extraña, el lujoso edificio en que se encontraba el departamento de los Pettengill-López Moreira se derrumbó intempestivamente, dejando hasta ahora un saldo de 4 muertos y 159 desaparecidos, entre quienes se encuentran nuestros compatriotas Luis y Sophia, sus tres hijos pequeños y la soñadora Leidy Luna.

Expresamos nuestra solidaridad con las desconsoladas familias que siguen esperando noticias de sus seres queridos. Cualquier crítica al actual presidente de la República debe quedar al margen del dolor humano. Por sobre todo abrazamos muy fuerte a esa humilde familia campesina del Guairá que no sabe qué hacer, que se siente tan desamparada y desgarrada, a la que en principio se la dejó muy sola, pero que ahora al menos tiene un mejor acompañamiento desde el Estado, esperando aún respuestas de lo que pasó con esa encantadora dama de la luna que nos interpela a través de su ingenua sonrisa y su mirada de ensueño, multiplicadas por la CNN y el New York Times.

Dejá tu comentario