Viernes 29/Junio/2007
Por José Duarte
Corresponsal en Canindeyú
Todo empezó eso de las 15 horas del jueves 28 del corriente cuando el agricultor Luís Carlos Ortelán se encontró, dentro de los límites de su propiedad, frente a frente con un hombre con un pasamontañas en el rostro.
Este hombre era uno de los custodios de Leandro Dinei Baumann, quien se encontraba prisionero dentro del espeso bosque de unas 30 hectáreas, propiedad de Ortelán, situado en la colonia Pindoty Porã, distante a 18 kilómetros del distrito de Corpus Christi.
Ahí y en ese momento, se dio comienzo al operativo para rescatar al joven secuestrado 23 días atrás.
El agricultor estuvo parado a escasos 4 metros del guardia de Leandro, pero logró huir del lugar y comunicarse con Odenir Baumann, padre del chico secuestrado, quien a su vez comunicó a los agentes de la Policía para que fueran a ver de qué se trataba. Una hora después fue hallado el lugar de cautiverio de Leandro, en medio de un bosque camuflado por una vegetación espesa, gran cantidad de árboles y arbustos de mucha altura.
Leandro cuenta que el hombre de guardia entró a la barraca y le ordenó que lo siguiera, desesperado tras haber sido visto por el dueño de la propiedad, llevó a Leandro en una caminata de aproximadamente 40 kilómetros el resto de la tarde del jueves hasta el amanecer del viernes. Cruzó la frontera y en la mañana de ayer ató de pies y mano al secuestrado, lo amordazó y lo dejó al costado de un cañaveral.
“Yo me logré sacar la mordaza y cuando escuché que había gente pasando por el lugar, grite, pedí socorro y ellos se acercaron y yo me identifiqué, y ellos me ayudaron”, relata Leandro.
A las 08:30 de la mañana de ayer Odenir Bauman llegó al municipio de Tacurú, en el Estado de Mato Grosso do Sul (Brasil) para rescatar a su hijo. El lugar del hallazgo fue un cañaveral cercano a una chacra ubicada en la rivera del río Yguatemi, entre los municipios de Tacuru y Siete Quedas.
ATADO CON CADENAS. Leandro Baumann relató que fue llevado a pie desde el sitio en que fue capturado hasta su lugar de cautiverio, en donde permaneció desde la madrugada del miércoles 6 de junio hasta la tarde del jueves 28.
El joven cuenta que tenía una cadena y un candado alrededor de uno de sus tobillos, aunque permaneció sin vendas en los ojos, y solo custodiado permanentemente por un hombre. Durante su cautiverio, se alimentó solamente con arroz y no le permitieron nunca asearse. Solo hablaba para responder a los interrogantes de sus captores o, en ocasiones, con el guardia que lo custodiaba. “Yo sólo rezaba todos los días”, declaró.
“Escuche las voces de dos hombres. Desde el inicio vi que eran solamente dos. Uno era el guardia y el segundo llegaba y llamaba a su amigo. Pocas veces ví al segundo hombre, porque llegaba y desde lejos llamaba a su amigo. Hablaban en tres idiomas, a veces en portugués, en castellano y otras veces en guaraní. Siempre estaban encapuchados”, relató Leandro.
El chico liberado comentó que en ningún momento fue agredido físicamente, aunque recibió presión de parte de los secuestradores para que escribiera la carta que luego fue enviada como prueba de vida a sus padres. También señaló que cuando él se atrevía a hablar sus captores lo mandaban callar.
EL LUGAR DEL CAUTIVERIO. Una carpa tendida bajo una densa vegetación fue el sitio utilizado por los secuestradores como el lugar de cautiverio. La carpa negra asemejaba a una cueva en medio de los espesos arbustos de la zona, que impedían que el escondite sea apreciado desde el aire.
La carpa fue ubicada en una zona baja, cerca de una naciente en la cual los captores se abastecían de agua. En el interior de la cueva había una pequeña cocina de dos hornallas con una garrafa de gas para evitar el humo. Dotaron el lugar de una especie de tarimas, que asemejaban pequeñas camas hechas de ramas de arbustos y colchonetas. Los captores se abastecieron de lo suficientes implementos, aunque de una forma bien rústica, como para soportar permanecer en el sitio por el tiempo que fuere necesario.
IMPOVISADOS. La petaca de caña paraguaya encontrada en el lugar del cautiverio, la movilización a pie de los captores y el secuestrado por la zona boscosa, la nula tecnología utilizada en la comunicación con la familia Barmann y el retraso para iniciar los contactos, fueron los argumentos utilizados por los investigadores para concluir que la gavilla que raptó a Leandro actuó de manera improvisada y casi sin mucha infraestructura. No obstante, los investigadores reconocieron que los secuestradores eran personas avezadas para sobrevivir en la selva.
La policía no descarta aún la hipótesis de que podría haberse tratado de un secuestro con fines de venganza, aunque la tesis más fuerte sigue siendo que se trató de un rapto de tipo extorsivo. El jefe de la cuarta zona policial del departamento de Canindeyú dijo que los investigadores del departamento Antisecuestro de la Policía Nacional continuará con sus investigaciones, pues presumen que existen muchos cabos sueltos en el caso.
EL REENCUENTRO. Cuando un medio radial confirmó el rescate de Leandro, la pequeña comunidad de Corpus Christi se agolpó sobre la principal avenida de la ciudad. La emoción y la angustia de toda la población se trasformaron en lágrimas de alegría. Todos los vecinos siguieron a Leandro hasta su casa, en donde el joven, luego de asearse y alimentarse, recibió a todos y agradeció la solidaridad demostrada por los lugareños.
“Ahora estamos felices y solo queremos estar juntos”, dijo la madre de Leandro, Rosemere, quien agradeció a toda la comunidad por las muestras de apoyo y solidaridad en el difícil trance que les tocó durante 23 días.
Odenir Baumann, padre de Leandro, encabezó desde el principio la búsqueda de su hijo y las negociaciones con los secuestradores. El mismo manifestó que nunca pensó recuperar a su hijo de esta manera. Dijo que lo importante que el chico fue liberado y ahora ya está de vuelta con los suyos.