Opinión

Las reformas necesarias

 En la presentación de Perspectivas DENDE 2019, el pasado 10 de abril, no nos extendimos lo suficiente para explicar nuestra visión con relación a la economía más allá de la actual coyuntura. La discusión económica relevante hoy, en nuestro país, es respecto a qué políticas públicas debemos llevar adelante para incrementar el ritmo de crecimiento económico en la próxima década, para mejorar el bienestar de nuestra gente en un entorno económico internacional y regional más proteccionista y menos dinámico.

El ritmo de crecimiento económico de largo plazo está determinado fundamentalmente por la disponibilidad de recursos (naturales, infraestructura, ahorro, capital humano, etc.), la eficiencia con la cual utilizamos estos recursos y la consecuente productividad en términos de la creación de bienes y servicios. Esta creciente producción tiene que ser absorbida al mismo ritmo, principalmente por el consumo e inversión interna y, en la medida de lo posible, por una creciente exportación a la región o al mundo.

Según un reciente estudio del Banco Mundial, con el cual coincidimos, en los últimos años el crecimiento económico de nuestro país se basó principalmente en una mayor explotación de los recursos naturales (tierra fértil y buen régimen de lluvias) y en el aprovechamiento del bono demográfico por la amplia disponibilidad de personas en edad laboral, pero con un nivel de productividad relativamente bajo. Estos recursos se pudieron aprovechar gracias al buen ambiente de negocios que generó la estabilidad macroeconómica y la mayor credibilidad en las políticas económicas, con una política monetaria basada en metas de inflación e implementada por un Banco Central autónomo y una política fiscal responsable, enmarcada por una regla que limita el ritmo de endeudamiento público a través de la Ley de Responsabilidad Fiscal.

Sin embargo, este modelo de crecimiento se está agotando porque las tierras fértiles son más escasas, es necesario limitar el ritmo de deforestación para mantener niveles adecuados de sostenibilidad ambiental y el ritmo de crecimiento de la fuerza laboral se irá reduciendo en los próximos años por la menor tasa de fecundidad observada en la última década. Del mismo modo, los menores precios de commodities han reducido la rentabilidad de las inversiones agropecuarias, por lo cual las exportaciones de materias primas serán menos dinámicas en los próximos años.

Por lo tanto, necesitamos implementar políticas públicas que nos permitan avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo económico y social, enfocado hacia la industrialización y el desarrollo de los servicios, más inclusivo y basado en mayor medida en el mercado interno. Para ello, es necesario remover las importantes barreras que limitan este desarrollo potencial, como ser la ineficiencia y la baja calidad de los servicios públicos, la alta informalidad y la elevada concentración del ingreso, manteniendo la estabilidad macroeconómica, política y social.

Entre las políticas públicas prioritarias están la reforma del sistema previsional, para incrementar el ahorro interno y su canalización efectiva y segura al financiamiento de las inversiones en infraestructura; la reforma educativa, para mejorar sustancialmente la calidad de la enseñanza y el aprendizaje, y de esa forma ampliar el capital humano y la productividad de las personas; la reforma del sistema judicial, para mejorar el ambiente de negocios en cuanto a la seguridad jurídica; la reforma del sistema de salud, para incrementar el bienestar y la productividad de las personas; y una reforma tributaria que acreciente la recaudación mejorando la equidad horizontal y vertical del sistema tributario, a través de una mayor efectividad recaudatoria del impuesto a la renta, tanto empresarial como personal, para aumentar la asignación de recursos y mejorar la eficiencia y la calidad de estos servicios fundamentales para el desarrollo.

La siguiente etapa en nuestro proceso de desarrollo depende de la capacidad de asociarnos, de desarrollar una visión compartida, de organizarnos y de generar confianza mutua y compromiso para llevar adelante las reformas necesarias que permitan incrementar el ritmo de desarrollo económico y el bienestar de nuestra gente. Es difícil, pero posible.

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