03 ene. 2026

Las pintorescas creencias en torno a la fiesta

Algunas prácticas populares dan una connotación autóctona a la Navidad.

- Casamiento. Muchas mujeres no esperan tanto la natividad del Niño, sino que pase la fiesta, para guardarlo boca abajo, porque, según creen, de esta manera se casarán durante el año.

- Buena suerte. Para otra gente, resulta imperdonable dejar solo al Niño en el pesebre. Por esta razón, si tienen que salir, lo llevan consigo, aunque sea en la cartera.

- Kure hû. La figura del kure hû (chancho negro) es probablemente la más conocida y temible. Todos los que duermen antes de las 12 -hora en que nace el Niño- se convierten en chancho negro, un imaginario maleficio que acompaña con yeta (mala suerte) todo el año.

- El recorrido. Se estila visitar los pesebres de vecinos y parientes para admirar la instalación. Los niños cantan villancicos para ganarse frutas, dulces, golosinas o tomar clericó.

- Peseco. Al retirarse de una casa, los visitantes agradecen las atenciones recibidas o simplemente admiran el pesebre, diciendo: “Está muy lindo su pesebre”. En caso de que los dueños de casa no ofrezcan nada de beber, el hecho se satiriza con el término “pe-seco”.

- Gasto del Niño. En los pueblos existían grupos de personas y músicos que visitaban los pesebres con la condición de rezar o de cantar. A los visitantes se los invitaba con el “gasto del Niño”, consistente en dulces para los chicos, clericó (jugo de frutas mezclado con vino), chipa o sopa paraguaya, y aguardiente a los músicos para evitar que se les “secara” la garganta. Por esta razón, al terminar el recorrido, que a veces abarcaba numerosas viviendas, los músicos terminaban bien “entonados”.

- Deseos. Algunos escriben sus deseos en forma de espiral sobre un papel que luego colocan debajo del niño, en el pesebre.

- Prosperidad. Los labriegos acostumbran a ofrecer al Niño en el pesebre los mejores frutos cosechados, para tener abundancia en el año entrante.