13 ene. 2026

Las gracias actuales

La naturaleza humana perdió, por el pecado original, el estado de santidad al que había sido elevada por Dios y, en consecuencia, también quedó privada de la integridad y del orden interior que poseía. Desde entonces, el hombre carece de la suficiente fortaleza en la voluntad para cumplir todos los preceptos morales que conoce. Obrar el bien se hizo difícil después de la aparición del pecado sobre la tierra. Y «esto es lo que explica la íntima división del hombre -enseña el Concilio Vaticano II-. Toda la vida humana, la individual y colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas.

»Nadie por sí y por sus propias fuerzas se libera del pecado y se eleva sobre sí mismo; nadie queda completamente libre de su debilidad, o de su soledad, o de su esclavitud»; todos tenemos necesidad de Cristo modelo, maestro, médico, liberador, salvador, vivificador. Sin Él nada podemos; con Él, lo podemos todo.

Aunque la naturaleza humana no está corrompida por el pecado de origen, experimentamos -incluso después del Bautismo- una tendencia al mal y una dificultad para hacer el bien: es el llamado fomes peccati o concupiscencia, que -sin ser en sí mismo pecado- procede del pecado y al pecado se inclina. La misma libertad, aunque no ha sido suprimida, está debilitada.

En la vida sobrenatural seremos siempre principiantes, empeñándonos con la docilidad y aplicación de un niño que en todo necesita de sus mayores. San Francisco de Sales ilustra con este ejemplo la delicadeza del amor de Dios por los hombres: «Cuando una madre enseña a andar a su hijito, le ayuda y le sostiene cuando es necesario, dejándole dar algunos pasos por los sitios menos peligrosos y más llanos, asiéndole de la mano y sujetándole, o tomándole en sus brazos y llevándole en ellos.

A nosotros nos toca corresponder, manifestar nuestra buena voluntad, comenzar y recomenzar, siendo sinceros en la dirección espiritual, teniendo el examen particular (ese punto en el que luchamos de una manera especial) bien concreto. Nuestras jornadas se resumirán frecuentemente en: pedir ayuda, corresponder y agradecer.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal)