08 abr. 2026

Las autoridades aguaron la fiesta

La semana había comenzado con la fiesta popular de la entrada en Jerusalén de Jesús aclamado por varios centenares de personas. Pudo haber sido una semana de fiestas para los galileos que acompañaban a Jesús y de crecimiento de simpatizantes con sus predicaciones en el templo de Jerusalén.

Sin embargo, hubo una misteriosa reunión de las autoridades religiosas. Recuerden que en Judea había una teocracia. Mandaban Herodes y, sobre todo, Pilato, pero el gobierno más intenso lo tenían los Sumos Sacerdotes con todos los que los rodeaban. Inclusive, tenían con su propia guardia personal armada.

Cuenta el Evangelio de San Mateo que “Se reunieron los Sumos Sacerdotes y senadores del pueblo en casa del Sumo Sacerdote Caifás y se pusieron de acuerdo para apoderarse de Jesús con una estratagema y darle muerte. Pero, añadieron que debía de ser después de la Pascua para que no se amotinara el pueblo” (26,3-5).

Curiosamente siempre ocurre lo mismo. Las alegrías, lo que el pueblo quiere y desea, siempre se lo cargan los que mandan ¿Por qué?.

A las autoridades no les conviene que el pueblo sea muy feliz y viva contento, les conviene que viva triste, agobiado buscando lo que debe de comer cada día. Así no piensa con cabeza propia. Así no se le ocurren ideas renovadoras. Así lo tienen dominado.

Y, cuando esto ocurre, por ejemplo una huelga general exitosa como la del 26, existen reuniones misteriosas camufladas de negociaciones, para que con el tiempo el pueblo se olvide de lo que exigió. Y, siempre encontrarán algunos del pueblo que se presten a ayudarles.

En lo que llamamos Semana Santa el que estorbaba era Jesús, por eso decidieron darle muerte. Y, también, encontraron a un vendido del pueblo, Judas, para que lo traicionara y entregara.

Esta historia se ha repetido durante siglos y el Paraguay actual no es una excepción en ellos.