Opinión

Las altas partes

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

La negociación del acta de Itaipú con el Brasil desnudó por completo la operatividad del Gobierno, cuando se trata de negocios que mueven millones. La consecuencia es la grave situación en la que queda esta administración en términos políticos y sus efectos económicos y sociales. Nunca antes había habido un titular de la ANDE que había planteado sus reservas, como tampoco tantos interesados en las altas partes de resolver como siempre este tipo de negocios con el vecino en el siempre espinoso tema de Itaipú.

Desde dentro de esta institución, se notó que los costosos miembros del Consejo ni pinchan ni cortan nada, que solo rubrican lo que desde arriba le dicen. Por todo eso, nos cuestan mensualmente casi 100 millones de guaraníes.

En términos administrativos, nuestro presidente desconocía que constitucional y legalmente es ÉL quien maneja las relaciones internacionales. Que no puede delegar dicha tarea en el ex canciller, quien tampoco puede afirmar que el embajador en Brasilia es el único responsable del desaguisado que se armó. Castiglioni todavía fue más lejos cuando afirmó que ¡nunca supo del punto 6 del acta, hasta que vio publicado su contenido en la prensa! Amenazó con denunciar a la Fiscalía todo lo que aconteció; esperemos que lo haga. Antes, el propio presidente de la ANDE recibía en sus mensajes de WhatsApp el apuro que mostraba Abdo para resolver este tema como lo sugerían los brasileños y los negociadores paraguayos.

En el medio, la empresa brasileña Leros ya había contratado los servicios del estudio jurídico Moreno Ruffinelli, cuya hija formaba parte del grupo negociador en Brasilia. Además, el vicepresidente hacía de bróker en la operación con el “millennials” Joselo, quien se abrogaba funciones que no le correspondían, pero le permitían acceder a las altas partes. Desastre total en la operación preliminar de una negociación sobre el Anexo C que se viene en poco tiempo. La imagen que proyectamos hacia adentro y hacia afuera es de un país débil, corrupto, con negociadores sinvergüenzas y venales que solo pretenden seguir lucrando con la venta de nuestros activos.

Políticamente han complicado a Cartes y su grupo en esta aventura que puede terminar relacionando al partido colorado con actos de traición a la patria, y colocarlo definitivamente en la llanura. Tendrán que sostener y sostenerse en este Gobierno, en medio de una erosión que los pondrá como cómplices. Algunas voces internas leen bien el panorama, pero la gran mayoría está segura que otro escándalo puede terminar por sepultar a este y colocarlo en el olvido. No será fácil. La traición a la patria es un sambenito muy difícil de sacárselo de encima y de tanto repetirla se transforma en un mantra que tiene reminiscencias históricas, culturales y económicas. El Gobierno ha terminado por ser rehén de sus propios errores y no veo fácil la travesía por otros cuatro años. La llave de su prisión interna la tiene Cartes, quien también se vuelve prisionero con esta movida. Afuera los que lo salvaron –de momento– pasarán la factura a un altísimo costo. Solo puede atenuar su caída la complicidad de la familia Bolsonaro en el negocio de la compra de energía por parte de la compañía Leros. Distribuirá culpas pero no acabará con ellas.

Las altas partes están seriamente comprometidas y Pedro Ferreira teme por su vida. La economía está mal, el Gobierno no sabe cuánto dura, la sensación de estar volando con piloto automático se ha instalado en la sociedad y existe una clara presunción de ingobernabilidad en puertas e imprevisibilidad en todo.

Las altas partes están surfeando sobre las olas de la bronca ciudadana que está convencida de que hubo traición a la patria y que sus responsables deben pagar sus consecuencias.

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