Revista Pausa

La voz ausente de una generación

Josefina Licitra es periodista argentina, narradora y cronista. Publicó algunos de sus trabajos en la revista Rolling Stone, de Argentina; El Mercurio, de Chile; Piauí, de Brasil y New York Times en Español.

Están entrevistando a Josefina Licitra para un programa de radio en el corazón del Jardín Botánico de Medellín. Nos encontramos en el Festival de Periodismo Gabriel García Márquez y escuchamos cómo le preguntan por el uso de la primera persona en el periodismo, por las herramientas literarias en el texto, por la construcción de escenas, por el futuro del oficio. Su voz se escucha estridente y aguda. Así escribe Licitra.

Quienes no la conocen, paran a escucharla. Está diciendo que a nuestra generación le falta un relato propio. Que todavía la voz de los jóvenes está muy imbuida por lo que sus padres quieren que digan. “Yo espero un poco más de rebeldía, en ese sentido”, dice. Repite un par de veces que no tiene mucho “prurito” con el uso de la primera persona (le gusta mucho esa palabra) y hace un zigzag mientras habla, como si se estuviera editando en vivo.

Un día, mientras viajaba en colectivo con su mamá, Josefina le contó que quería escribir. Fue cuando pensó, por primera vez, en el periodismo como una posibilidad. Arrancó sus estudios terciarios en el Taller Escuela Agencia (TEA) y, ya en el segundo año, un profesor la llevó como colaboradora del diario Clarín. Tenía 18 años.

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<p>Josefina considera que estamos viviendo una suerte de crisis de identidad creativa y que eso dificulta el despliegue de todas las potencialidades que podemos ofrecer desde el periodismo narrativo.</p>

Josefina considera que estamos viviendo una suerte de crisis de identidad creativa y que eso dificulta el despliegue de todas las potencialidades que podemos ofrecer desde el periodismo narrativo.

La autora argentina, oriunda de la ciudad de La Plata, escribió para los diarios La Nación, Perfil, Crítica e incontables revistas latinoamericanas. En el 2011 publicó el libro de no ficción Los otros. Una historia del conurbano bonaerense, en el 2007 –también en el terreno de la no ficción– Los imprudentes. Historias de la adolescencia gay lésbica en Argentina (Editorial Tusquets, colección Andanzas) y, en el 2014, El agua mala (Editorial Aguilar).

Pollita en fuga, la crónica larga publicada en la Rolling Stone sobre la chica de 15 años que secuestró a más de 20 personas, le dio el premio de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en el 2004. Junto con sus contemporáneos Leila Guerriero, Martín Caparrós y Cristian Alarcón, Licitra pisa fuerte en la narración periodística latinoamericana.

Crónicas sin molde

Al taller Crónicas sin molde que impartió Josefina Licitra en el Festival se anotaron más de 500 periodistas, pero solo quedaron 60. Desde las distintas latitudes de América Latina nos damos cuenta que, de a poco, nuestras formas de escribir se están anquilosando, y queremos conocer el secreto de Licitra. En casi cuatro horas de clase, Josefina desarmó las fórmulas prefabricadas del periodismo narrativo y, con una cachetada, nos despertó del largo sueño de los lugares comunes en la narración canónica.

Para su libro 38 estrellas, pensó mucho cuál sería su participación en el texto. Y es que, para Licitra, la primera persona debería ser utilizada solamente para catalizar la acción y hacer avanzar la historia. Pero considera que, bajo ninguna circunstancia, el rol del periodista debe estar “ni lo más remotamente cerca de un rol heroico o anti-heroico”. Así lo hizo con Los imprudentes, donde desde sus coordenadas (mujer, blanca, de clase media) contó una historia sobre la adolescencia LGBT.

Quizás Los imprudentes y Los otros, que son libros tan distintos, en el fondo hablan de personas que buscan su camino. Josefina tiene esa capacidad de sensibilizarnos con realidades ajenas a las nuestras, inmiscuyéndonos, de a poquito, en un relato que nos envuelve. “Lograr esa empatía con la gente que no comparte país, contexto ni causa es entender que la lucha de otro es también la propia. Es un proceso largo e imperfecto”, confiesa.

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Pollita en fuga, la crónica larga publicada en la Rolling Stone sobre la chica de 15 años que secuestró a más de 20 personas, le dio el premio de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en el 2004.
Pollita en fuga, la crónica larga publicada en la Rolling Stone sobre la chica de 15 años que secuestró a más de 20 personas, le dio el premio de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en el 2004.

Según cree, el periodismo narrativo le quita maniqueísmo y le aporta complejidad a las personas y a las historias. Anular la primera persona no tiene nada que ver con la pretensión de objetividad, porque la objetividad no existe. “En Orsai, por ejemplo, nos interesa más encontrar a gente herida, de alguna manera, que tenga algún tipo de grieta interna y que en esa herida pueda encontrar universalidad. A veces, buscar formas nuevas no es ir a buscar muy lejos, capaz que es ir a buscar para adentro”.

Licitra le dedicó un apartado importante al problema del silencio. En un momento en el que se pondera el tiempo real de la noticia, el slow journalism adquiere un nuevo tono. Reducir la velocidad, aumentar los tiempos dedicados a la reflexión y al análisis son algunas de las características que hacen a la subcultura del periodismo lento. Surge como una alternativa al ruido producido por el periodismo mainstream y hace sus esfuerzos por producir un texto de buena calidad.

“Creo que tiene que ver con que no hay ese silencio que te permite parar y decir “bueno, ¿qué es esto?”. “Tengo este problema, ¿qué hago?, entro y salgo del texto”. Esas preguntas no se las hacen muchos periodistas. En general, por falta de tiempo, y ya después porque se transformó en una forma de trabajo”, expresa.

Josefina considera que estamos viviendo una suerte de crisis de identidad creativa y que eso dificulta el despliegue de todas las potencialidades que podemos ofrecer desde el periodismo narrativo. “En Orsai comenzamos a rechazar mucho las crónicas porque vienen en un formato preestablecido, como la Coca-Cola. Cuesta mucho encontrar algo que sea verdadero. Y para eso no necesitás ir a un universo extraño”, cuenta la autora.

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Recientemente se anunció que el conglomerado de medios propietario de Telefé compró los derechos de 38 estrellas para llevarlo a la pantalla, y contar la fuga más grande de la historia de una cárcel de mujeres en Montevideo en formato audiovisual.
Recientemente se anunció que el conglomerado de medios propietario de Telefé compró los derechos de 38 estrellas para llevarlo a la pantalla, y contar la fuga más grande de la historia de una cárcel de mujeres en Montevideo en formato audiovisual.

38 estrellas

El 30 de julio de 1971, 38 presas políticas se escaparon de una cárcel de mujeres en Montevideo, que, en ese momento, era gestionada por las monjas del Convento del “Buen Pastor”. La Operación Estrella, protagonizada por integrantes del Movimiento Tupamaros, consistió en la mayor fuga de mujeres de una cárcel en Uruguay. Para la elaboración del libro, Licitra trabajó con una de las herramientas periodísticas más complicadas: la memoria.

“De esto me entero cuando le estaba haciendo un perfil a José Mujica: 38 mujeres se fugaron de una cárcel, una es [hoy] vicepresidenta de Uruguay. Yo quiero saber todo”, recuerda emocionada. “Entrevisté a 15 tupamaras pero, en el libro, tienen un espacio central cuatro o cinco, porque si no se caotizaba mucho. Las gemelas Topolansky son personajes fuertes porque entre ellas hay una relación conflictiva que a mí me servía mucho. El conflicto siempre te hace mover las historias. Articular eso fue lo que más tiempo y más desgaste me tomó. El trabajo de campo no fue complicado”, reconoce.

Una de las protagonistas de la historia es la actual vicepresidenta de Uruguay y compañera del expresidente José Pepe Mujica. Pero la escritora recuerda con cariño la entrevista que le hizo a su gemela, María Elia Topolansky: “Fui a verla a Paysandú, estuve como ocho horas ahí. Me acuerdo que comimos, almorzamos, su marido me hizo un pescado. Fue como un encuentro muy lindo. Dentro de lo que son las entrevistas fue, tal vez, la más atípica porque yo estaba superfatigada. Ella me dijo ‘tirate ahí’, y me dormí una siesta en el sillón de su casa”.

La cicatriz en el texto

A Josefina Licitra el cabello negro le cae sobre las orejas. ¿Qué le pasó en la derecha? “Es una malformación, nací así. Después me hice una serie de operaciones que fueron un fracaso”. Era otra época. Pero mucho de eso no quiere hablar. Las líneas de su historia están escritas en su piel, y pareciera que así también se propone narrar las marcas que dejamos en el mundo.

En su publicación Escrito sobre el cuerpo narra las tres operaciones que tuvo de adolescente: “El plan médico buscaba reconstruir el pabellón auditivo, quitar cartílago de una costilla, darle forma, envolverlo en piel —mi propia piel, quitada del lado interno de un brazo— y transformar semejante manualidad en una oreja que nos dejara a todos contentos”, escribe.

¿Cómo le modificó esto? “Nunca deja de ser un tema. No me acostumbro. Yo creo que hay cosas a las que no te acostumbrás. Pero me manejo como alguien que tiene rollos y no se pone algo ajustado porque se le marca. No me recojo el pelo, fui mucho a terapia. Según días, semanas o épocas puede tomarme más o menos energía pero nunca tanta como para que deje de hacer algo”.

En un momento del taller, Josefina contó que una amiga fotógrafa, un día le dijo que no existe tal cosa como la crisis de la página en blanco. Porque no existe una página en blanco. La página está poblada de palabras y de posibles fórmulas, lo que hacemos al escribir es ir borrando el “excedente”. Quizás, un poco, hablar de lo que dejamos en el texto es hablar de una cicatriz que compite por ser recordada.

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