Marcelo Colussi analiza este tema en la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) con una afirmación sorprendente: ”Antes para competir en las elecciones presidenciales la imagen del duro y matón quitaba votos. Hoy es lo contrario: ofertas de ultraderecha con el añadido de racismo, homofobia y xenofobia son la clave para ganar”.
Así ocurre en Europa. En Francia con Marine Le Pen. En Alemania, la ultraderecha tiene 90 escaños en el Parlamento.
En Italia gobierna la extrema derecha liderada por la Liga del Norte, que quiere separarse del sur “pobre y desarrollado”.
En Hungría la extrema derecha ha ganado dos elecciones seguidas. Procesos similares con la victoria de la extrema derecha se da en Polonia.
Croacia, República Checa, Holanda, Suecia y Finlandia y hasta en los Estados Unidos.
También en América Latina sucede lo mismo con Mauricio Macri en Argentina, Jair Bolsonaro en Brasil, Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia. ¿Con Marito en Paraguay?
Sin embargo, es distinta la extrema derecha en Europa que en América latina. (Colussi)
En Europa las causas son económicas dentro del alto estado del primer mundo con factores sicológicos culturales. ¿Por qué este resurgir fascista en Europa y en los EEUU?
“Porque la crisis sistémica del capitalismo no se resolvió y a esto se une la globalización neoliberal imperante”.
Todo esto se alimenta con el rechazo al inmigrante.
En América Latina la extrema derecha se alimenta de una ola ideológica que nos viene del Norte y se expande y entroniza por los medios de comunicación social en manos de la derecha latinoamericana.
“La tendencia la fija el Norte y el Sur la repite con pálidas y deslucidas copias”. Así somos fascistas en la modalidad política, pero no en la económica, al menos no del mismo modo que los países del Norte. (Colussi).
Frente a todo esto, ¿cuál debe de ser la actitud de la izquierda? Con la ayuda de ustedes, otro día podemos hablar de ello. Pa’i Oliva