Con la repentina muerte del líder del partido Unace y candidato presidencial, Lino César Oviedo Silva, junto a otras dos personas que lo acompañaban, ocurrida por la caída del helicóptero en el que iban en la noche del sábado, en la región chaqueña de Presidente Hayes, el tablero político se modifica sustancialmente.
Este hecho en particular obliga a las autoridades a llevar adelante una investigación rigurosa para establecer las causas del accidente que le costó la vida al candidato a presidente por el partido Unace.
Es comprensible que en este estado preliminar de las investigaciones los seguidores de Lino Oviedo manifiesten sus inquietudes acerca de las circunstancias en que se dio el deceso de su líder. Suma el hecho de que la caída del aparato aéreo se produjo al cumplirse el aniversario del golpe del 2 y 3 de febrero de 1989, que hace 24 años provocó el derrocamiento del régimen dictatorial del general Alfredo Stroessner, en una acción de revuelta militar de la cual el propio Oviedo Silva fue uno de los principales líderes.
Estas expresiones de los oviedistas encontrarán una convincente respuesta en un pulcro trabajo de investigación.
La muerte de un ser humano es siempre lamentable, y más aún cuando se produce con características tan trágicas como las que envuelven a Lino Oviedo, al piloto Ramón Aurelio Picco Delmás, y al custodio del general retirado, Denis Galeano.
Debido al contexto peculiar de esta tragedia, hay que hacer un llamado a la prudencia y a la responsabilidad política, tanto de la oposición como del oficialismo, y en especial de los oviedistas, que están dolidos por la inesperada desaparición de su líder.
Con la muerte de Lino Oviedo se va uno de los últimos militares convertidos en caudillos y lanzados al campo de la política, que han dejado su sello polémico y controvertido en la historia política paraguaya.
Le sucede una nucleación política fundada por él y sustentada en su figura. Su partido es la tercera fuerza política paraguaya, que ha marcado su peso sobre todo en las decisiones del Legislativo.
Lino Oviedo fue una figura acostumbrada a navegar en aguas controversiales. Sus acciones le provocaron varios procesos judiciales, de los cuales siempre logró salir indemne. Se trataba de un hombre sobre quien no se podía estar indiferente. Las pasiones que despertaba eran diametralmente opuestas.
Sin embargo, este no es el momento de las emociones ni de la exacerbación del ánimo. Por ello, este es el peor momento para alentar conspiraciones sin ninguna base sólida o alimentar teorías que podrían esconder inconfesables deseos de enturbiar el clima político. Este es el momento de la calma y del sentido común. Este es el momento de dejar trabajar a las instituciones que tienen el deber de aclarar la situación.
Los actores políticos que eventualmente intenten llevar agua a su molino estarán haciendo un flaco favor a la institucionalidad de la República.