En la Madre Patria es tradición comer una uva al compás de las doce campanadas que marcan la medianoche: el objetivo es pedir un deseo por cada mes del año al momento por cada uva ingerida. Este ritual se popularizó a finales de 1800 y comenzó como un acto de burla de las clases populares hacia la burguesía que imitaba costumbres francesas de uvas y champán, y una estrategia de los viticultores de Alicante para deshacerse de un excedente de cosecha a principios del siglo XX.
Por otra parte, la retransmisión de las campanadas de la Puerta del Sol por radio y televisión a mediados del siglo XX consolidó la costumbre en toda España y, posteriormente, en América Latina, creando un fenómeno cultural masivo que logró convertirse en un símbolo de buena suerte.
Esta costumbre se sigue practicando en muchos hogares hasta el día de hoy en distintos países de habla hispana, ya que simboliza la esperanza en la buena fortuna y la gratitud por lo vivido.
Sin importar si las uvas son blancas o negras, sin duda, comer las doce uvas es una de las maneras más populares de despedir el año viejo y recibir el nuevo año. Por lo tanto, hay que estar atentos a la oferta de uvas y conseguirlas a tiempo para poder proyectar cada una de nuestras intenciones en los doce meses del año que se avecinan. Y si las uvas no son del agrado de los invitados o del anfitrión de la fiesta, hay muchas otras maneras de cerrar ciclos y augurar tiempos de paz y prosperidad.