13 may. 2026

La tecnología y el espionaje de los regímenes autoritarios en el mundo

Las revelaciones sobre el alcance del espionaje en algunos países a través del programa Pegasus muestran cómo gobiernos podrían utilizar métodos excepcionales de defensa de la seguridad.

Foto UH Edicion Impresa

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La explosión de innovación en la ciencia de la tecnología prometió empoderar a los ciudadanos y permitirles un mayor acceso a la información. Esta visión optimista de un futuro libre y democrático no tuvo en consideración que gobiernos autocráticos aprovecharían esas tecnologías y las utilizarían como nuevos métodos para mantenerse en el poder.

Muchos pensaban que, en un mundo altamente conectado, los autócratas no lograrán concentrar el poder necesario para mantenerse en el poder. Es evidente que la tecnología no siempre favorece aquellos que ponen cara ante gobiernos represivos, que siendo enfrentados con paulatina presión se han adaptado para emplear la tecnología al autoritarismo del siglo XXI.

Se comienza a percibir tensión entre garantizar derechos individuales y proteger los intereses colectivos durante esta crisis. Con la pandemia actual es muy posible que aquellos países que ya utilizaban estos sistemas implementen legislación que les permita fortalecer su uso con la justificación de luchar contra la propagación virus.

Para combatir a las dictaduras digitales es imprescindible abordar el problema de los efectos que las nuevas tecnologías tienen en la gobernanza pública. Gobiernos nacionales e instituciones internacionales necesita modernizarse y expandir la legislación existente para asegurarse que los derechos de privacidad sean respetados, restringiendo el uso de tecnologías que utilizan la identificación biométrica, limitando inversión con empresas que diseñen tecnología con el objetivo de vigilar.

en china. El gobierno de China está aumentando su capacidad de espiar a sus casi 1.400 millones de habitantes a nuevos y perturbadores niveles, y le ofrece al mundo un modelo para establecer un Estado totalitario digital.

Las autoridades chinas están uniendo tecnologías antiguas y de vanguardia –escáneres de celulares, cámaras de reconocimiento facial, bases de datos de rostros y huellas digitales y muchas otras– para crear herramientas exhaustivas de control autoritario

Las redes de vigilancia son controladas por la policía local, como si los alguaciles de los condados en Estados Unidos tuvieran sus propias versiones de la Agencia de Seguridad Nacional. “Los datos de cada persona dejan un rastro”, dijo Agnes Ouyang, trabajadora del sector tecnológico en la ciudad sureña de Shenzhen, cuyos intentos de concienciar a la gente sobre la privacidad fueron objeto de escrutinio por parte de las autoridades.

La policía puede usar programas para crear listas de personas. Pueden crear alarmas virtuales para cuando una persona se acerque a una ubicación específica. Pueden obtener actualizaciones de las personas cada día o cada hora. Pueden monitorear a las personas con las que se reunieron, sobre todo si ambas están en una lista negra por algún tipo de infracción, desde cometer un delito hasta no haber hecho el pago de una deuda.

Estas redes podrían ayudar a China a perfeccionar tecnologías como el reconocimiento facial. Las cámaras y el software a menudo tienen problemas para reconocer rostros capturados desde cierto ángulo, por ejemplo. Combinado con los datos de identidad y teléfonos, podría volverse más fácil obtener coincidencias, y la tecnología detrás de la identificación de rostros mejora. La vigilancia con alto nivel tecnológico está transformando la vida en China de maneras sutiles y profundas. El dominio del Partido Comunista es de vieja data, y el país no tiene un sistema de tribunales sólido o algún medio de control en contra de las extralimitaciones del gobierno.