Opinión

La solidaridad mal entendida

El concepto de la jubilación es simple, se trata de ahorrar parte de lo que ganás en tus años productivos para que cuando te retires puedas vivir de ese ahorro. Hay dos modelos. En uno ahorrás de manera individual –solo vos– y de lo que juntás, más las ganancias que hayas obtenido si invertiste algo, cobrás una determinada jubilación, que podés retirar de una sola vez o mensualmente, según cuánto tiempo quieras que te dure la plata.

Con este modelo, el monto de tu jubilación dependerá exclusivamente de cuánto dinero ahorraste y de qué tan exitosamente lo invertiste. Nadie te regalará un guaraní ni vos aportarás un guaraní para nadie, por eso se llama de capitalización individual.

En el otro modelo todos ahorran una parte de sus ganancias y la depositan en una bolsa común de la que se pagan luego las jubilaciones. Por eso se llama de reparto. Es un modelo más complejo porque hay que calcular cuánto debe aportar cada uno y por cuánto tiempo, y desde cuándo puede acogerse a la jubilación, de forma que siempre haya dinero suficiente para que todos puedan jubilarse en algún momento y con una pensión razonable.

En este modelo no hay una relación exacta entre lo que aportás a lo largo de los años y lo que eventualmente podés llegar a cobrar. No es que una vez que se agote el dinero que aportaste dejarán de pagarte la jubilación. Seguirás cobrando hasta morir. Por eso, casi todos los que se jubilan terminan retirando más dinero que el que aportaron a lo largo del tiempo.

Este modelo necesita que siempre haya más aportantes que jubilados. Lamentablemente, por un fenómeno demográfico mundial, es imposible mantener esa condición a lo largo del tiempo. La gente vive más y tiene menos hijos. En algún momento, el número de jubilados comienza a acercarse al de aportantes e incluso lo supera. Esto hace que el sistema primero absorba la totalidad de los aportes y luego se coma las ganancias generadas con la inversión de los ahorros, hasta que, finalmente, cuando esos recursos se agotan, no queda más remedio que pagar las jubilaciones con impuestos. Es el drama que viven países como Japón o Brasil, donde gran parte del presupuesto se destina a cubrir el monstruoso déficit de su sistema previsional.

¿Esto quiere decir que hay que desechar el modelo de reparto y quedarse con el de capitalización individual? En mi opinión, no. Creo que aplicar un modelo de capitalización individual es condenar a quienes tienen menores ingresos a una jubilación de hambre, si es que alcanzan a tener una. El modelo de reparto tiene la peculiaridad de ser solidario, ya que quienes ganan más y aportan más subsidian de alguna forma a quienes tienen menos y aportan menos.

Si tuviéramos un solo sistema previsional, bajo la modalidad de reparto, que garantizara una pensión razonable incluso para aquellos trabajadores menos favorecidos, no sería descabellado plantear que los déficits que se registren a futuro se cubran con impuestos. Después de todo, la jubilación es un derecho humano básico.

El problema es que en Paraguay el modelo de reparto se separó en diferentes cajas con condiciones distintas para los aportantes. El resultado es totalmente opuesto a lo que debería ser un sistema solidario.

La gran mayoría de los trabajadores están en el sector informal, por lo que carecen de un seguro social, nunca van a jubilarse. El segundo grupo mayoritario, que apenas alcanza el mínimo legal, aporta al IPS. Por último, el sector minoritario, que representa menos del 11% de la población ocupada, es el que trabaja para el Estado y aporta a la caja fiscal.

Increíblemente, el grupo con mayores beneficios para la jubilación está precisamente en ese sector minoritario. La consecuencia es que ya están generando déficits. En cinco años perdieron más de 800 millones de dólares, de los cuales 624 millones se cubrieron con los impuestos que pagamos todos, incluyendo la mayoría que jamás habrá de jubilarse. Obviamente, este modelo es insostenible.

En economía no hay magia. O fusionamos las cajas en una sola estableciendo las mismas condiciones para todos –con tratamiento diferenciado solo para los de menor ingreso– o el modelo terminará reventado y nos impondrán la capitalización individual. Y allí sí la solidaridad se irá por el caño.

Dejá tu comentario