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La renegociación de Itaipú exige considerar todas las opciones

La próxima renegociación del Tratado de Itaipú requiere de un plan concertado con los diversos sectores sociales y políticos, que puedan aportar a la estrategia con sustentos técnicos. El Gobierno del presidente Mario Abdo Benítez debe ser consciente de que representa al país en su conjunto y que su gestión en este ámbito afectará no solo a quienes les votaron en las elecciones, sino a toda la población, incluyendo a las futuras generaciones. Por ello, el tema debe ser motivo de un debate a nivel nacional en el que impere la racionalidad técnica, poniendo en primer lugar los intereses de la Nación, que en este caso tienen que ver con la soberanía energética y los recursos económicos que requiere el Paraguay para su desarrollo, y los objetivos de desarrollo sostenible

Frente a la opacidad con que el Gobierno está manejando la propuesta paraguaya, desde diversos sectores políticos y académicos surgieron en las últimas semanas iniciativas de debate, todas ellas basadas en evidencia empírica y criterios técnicos, lo cual le está dando a la discusión la seriedad y rigurosidad que se merece. Ante esta situación, el Gobierno debió salir a informar algunos lineamientos de lo que será la postura gubernamental.

Al menos cuatro posicionamientos surgieron de las diferentes posturas, las que deben ser analizadas no solo por el equipo negociador, sino también por la ciudadanía. Estas propuestas no deben ser vistas inicialmente como excluyentes. En un proceso de negociación se debe contar con diferentes escenarios y demandas de manera a garantizar que al final del proceso se concluya en aquella en la que todos lograron el mejor resultado posible.

El esfuerzo actual debe estar en considerar la diversidad de opciones con un equipo técnico amplio y conformado por profesionales y a partir de allí construir una ruta de posibilidades que permita una negociación ventajosa para nuestro país. Paraguay tiene la oportunidad de mostrarle al mundo que pudo convertirse en un país con altos niveles de crecimiento económico y bienestar social utilizando energía limpia y contribuyendo con la sostenibilidad ambiental global.

Cotidianamente estamos viendo en los diversos índices que se generan alrededor del mundo los países que han logrado posicionarse en los primeros lugares. Esta información se expande en los medios de comunicación y en las redes y se expone como casos ejemplares, dignos de ser analizados de manera particular y replicados en los demás países que están por debajo.

Los titulares de noticias y reportes que van desde “reciclan el 100% de su basura” hasta “se ubicó entre los países más desarrollados luego de 20 años de transformaciones” son comunes y cuando se analizan los casos es posible observar que muchos de estos países partieron de condiciones iniciales peores o más adversas a las que tiene Paraguay.

Islandia, Finlandia o los tigres asiáticos en pocas décadas lograron ubicarse entre los de mayor desarrollo económico y social, habiendo superado niveles de pobreza y exclusión mucho más profundos que los que se verifican actualmente en nuestro país. A esto se agrega que, en muchos casos, enfrentan limitaciones derivadas de su posición geográfica, soportar temperaturas exageradamente frías o enfrentar desastres naturales, como los sismos.

Ojalá el Gobierno se dé cuenta de que podría quedar en la historia, no solo nacional sino también mundial, si logra llevar adelante una negociación que convenga a todos, pero para ello será necesario aunar esfuerzos y concertar una estrategia sustentada en el trabajo profesional que genere legitimidad social y política. La renegociación debe ser una causa nacional en la que converjan una propuesta técnica impecable y el apoyo popular. Para eso se requieren apego a los valores democráticos y compromiso con la patria.

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