Opinión

La radiografía de todo un país

Las políticas públicas no pueden ser aplicadas si no se cuenta con una base científica, que arroje las verdaderas necesidades de la población. Los planes carecerían de resultados acordes cuando el objetivo a corregir no es identificado certeramente, sobre fundamentos cuantificables.

Darío Lugo Por Darío Lugo

Lo que no se puede medir, no se puede evaluar. Sobre la base de esta premisa, cada Estado sustenta acciones para recabar datos reales de los habitantes y la manera en que se desenvuelven en su entorno.

Se aplica así, cada diez años, el Censo Nacional de Población y Viviendas, una radiografía completa de los parámetros que envuelven la vida de las personas, y que se relacionan con su condición social, con los materiales de los que está hecha su vivienda, si esta es propia o alquilada, las comodidades del hogar y cuánta gente vive en la casa, etc.

Las informaciones consolidadas son cargadas a una base de datos que servirá a las autoridades como fuente de conocimiento con el fin de ejecutar políticas de Estado, mejorar los planes que beneficien a la población y corregir o enmendar lineamientos que sirvan al bien común.

Si no se cuenta con esa fuente de información (a la cual es muy difícil acceder frecuentemente, ya que conlleva una amplísima logística y debe paralizar por algunas horas incluso a todo el país), siempre se tropezará con acciones erráticas, con mala puntería para ir evaluando la problemática que surja –o la que se sigue extendiendo en la temporalidad– y, finalmente, revertir irregularidades.

Al carecer de datos precisos, las inversiones en infraestructura, salud, educación y otros ámbitos que redunden en beneficio de la ciudadanía, se pierden en una nebulosa y no se sale del círculo vicioso de la improvisación, de la mala praxis desde el estamento estatal, con lo que muchas veces se instala aquello de que “es peor el remedio que la enfermedad”, al no acertar con el paliativo o la erradicación contra flagelos que golpean a la sociedad.

En estadística sirven de alguna manera las estimaciones, pero no dejan contemplar con claridad el paisaje objeto de las investigaciones que buscar mejorar el escenario. Solo mediante la recogida de datos fidedignos y exactos, que expongan la realidad de cada familia –con su georreferenciamiento correcto y las características claras de su modo de vida– se podrán pergeñar a posteriori las ideas, que luego serán ejecutadas desde el ámbito público.

También el fenómeno migratorio puede ser calibrado como una evolución natural, o bien forzada, tal como caracteriza al Paraguay desde hace varias décadas: Una parte de la población se vio forzada a emigrar, ya sea por causas políticas o económicas, a otras naciones; llegando incluso a ser actualmente la comunidad extranjera mayoritaria en Argentina, dentro de las 1,8 millones de personas de otras nacionalidades que viven en el país vecino.

Natalidad, mortalidad, expectativas de vida, ocupación de las personas, idioma y educación, forman parte también de los parámetros que serán analizados una vez que se consoliden los datos para que el Instituto Nacional de Estadística (INE) elabore los reportes correspondientes. Será de suma importancia la colaboración de la ciudadanía y la honestidad de las respuestas a los censistas.

Mañana, miércoles, el país estará llamado a aportar datos fidedignos que plasmen en una fotografía nacional la realidad circundante, de cara a proyectar mejores escenarios mediante la aplicación de proyectos y planes sostenibles a corto, mediano y largo plazo, con el fin de que los niveles de pobreza e indigencia sean revertidos; y que se identifiquen certeramente las carencias, necesidades y la problemática social.

Frente a estas últimas, no hay mejor herramienta que la ciencia aplicada a la solución de inconvenientes, para alejar de este ámbito a las meras especulaciones, miedos, traumas y supersticiones. En la era del conocimiento, quien maneja datos y estadísticas tiene más ventajas a la hora de tomar decisiones.

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