10 ene. 2026

La pitón azul

Para atrapar a la serpiente pitón, suele dejarse un animalito dentro de una jaula cerrada. En ayunas, el reptil pasa sin dificultad por entre las rejas, estruja a su presa, se la traga y queda imposibilitada para volver a salir con la panza llena. Esta fue la argucia empleada por la kuriju escarlata para atrapar a su tradicional adversaria, la azul. Dentro de la jaula, la astuta boa cazadora no puso como señuelo una ovejita, que apenas le hubiera alcanzado para festejar un cumpleaños; lo que le puso fue un sillón presidencial.

Ni siquiera una constrictora azul es capaz de comerse una silla, pero las sillas de ese tipo son muy prácticas, porque dan de comer a toda la familia, y las pitones azules piensan en la familia, por devotas y por dominadas. Y así la metilena, sin pensarlo dos veces, se enroscó en el sillón y se puso a cantar: “Soy el mbói jagua rey”.

Estaba prisionera, pero no le importaba. La diferencia entre las de su coloración y las otras, las republicanas, es la siguiente: las republicanas piensan en el poder y no les importa mucho el resto; por eso, en las últimas décadas, se han pasado encaramadas en la punta de los árboles más altos. Las azules, por lo contrario, tienen el deseo obsesivo de ser karai. Por eso la cautiva, sin salir de su jaula, se pasó recorriendo el mundo, si bien con muchas limitaciones. Como al circo de Osvaldo Terry, le prohibían exhibirse en muchas partes, incluso en España, con gobierno de derecha y todo. Fue muy doloroso para ella, por ser el único país donde podía entender de qué se hablaba; aunque muy rezadora, el Paráclito no le ha concedido el don de lenguas.

Pasado el momento de la digestión, la pobre constrictora destronada debió enfrentar la dura realidad. Aunque ya le había bajado la panza, y pasaba entre las rejas, sus enemigos rodearon la jaula con alambre tejido, dejándola encerrada. No la querían hambrear ni matar, sus necesidades básicas estaban cubiertas; sin embargo, la amenazaban con una auditoría; con muchas auditorías. Y así como los elefantes les tienen miedo a los ratones, las anacondas azules tiemblan ante la idea de la auditoría, que las puede mandar a otro tipo de jaulas, menos cómodas que los hoteles de siete estrellas de sus giras internacionales; humorísticamente, le dicen el Tacumbú Hilton.

Fue muy astuto de parte de la serpiente roja tentar a la azul, hacerle llenarse el buche para pedirle cuentas después y tenerla como mandadera. Además de llevar su Biblia propia para jurar como kuriju en ejercicio, el susodicho la hubiera leído para precaverse. ¿Cómo dejó pasar la advertencia de que “la serpiente es el más astuto de los animales” (Génesis, 3:1)? Por lo visto, el figuretismo fue más fuerte.