12 abr. 2026

La pequeña flor de la vida y la paz

En perspectiva

En estos tiempos en que la vida y la paz son principios cada vez más atropellados y, sobre todo, despreciados en la práctica, no así en los discursos, cabe buscar referencias de personalidades que reconocieron que uno y otro valor son inseparables.

En estos momentos en que Estados Unidos busca por todos los medios justificar un cuestionado operativo militar en Siria, poniendo en peligro la paz mundial; y, por otro lado, los gobiernos de varios países pretenden promover como derecho humano el asesinato de niños en el vientre materno, atentando contra la vida; vale recordar a la albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu, la sorprendente Madre Teresa de Calcuta.

Se trata de una persona que con sencillez y humildad, pero con mucha fuerza y coraje, defendió estos principios tan necesarios para este planeta.

Esta mujer, cuyo segundo nombre, Gonxha, significa “capullo de rosa” o “pequeña flor” en albanés, falleció un día como hoy, un 5 de setiembre de 1997.

Premio Nobel de la Paz 1979 y defensora incansable de los más olvidados del mundo, era clara y radical en obras y palabras. Para ella, abogar por la vida era luchar por la paz. “El aborto mata la paz del mundo... Es el peor enemigo de la paz, porque es una guerra directa, un asesinato directo. Porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento”, afirmó la albanesa al recibir el Nobel, exponiendo una lógica cruel y la contradicción que se esconde detrás de esta y otras prácticas en la sociedad.

“Toda vida es la vida de Dios que se hace presente entre nosotros, aún en un niño que todavía no ha nacido. Nadie tiene derecho a levantar su mano para segarla”, agregó la mujer, partiendo de su experiencia de fe, sin complejos ni miedo a las críticas.

Y esta señora, que fundó cientos de casas para moribundos y abandonados en el mundo, todo lo decía de frente, dirigiéndose no solo a los más pobres o al ciudadano común, sino también a aquellas autoridades que llenan sus discursos con eslóganes sobre la paz, pero que no dudan en promover leyes a favor de la eliminación de los humanos por nacer, sembrando así dolor y destrucción que van contra ella misma, pues la paz no solo se construye evitando enfrentamientos armados.

Hoy, a las puertas de un conflicto bélico internacional, por una parte, y ante las cifras que hablan de que el aborto es la primera causa de muerte en el mundo, por otra, corresponde, quizás más que nunca, recordar, reflexionar y hasta promover el ejemplo entregado por esta sencilla monja de Calcuta. Es evidente que su figura es un bello “capullo de rosa” a favor de la paz y la vida humana, que nos conviene conservar, para bien de todos.