Por Jorge Lombardo | jlombardo@uhora.com.py
** EDICIÓN IMPRESA **
Son las 6.30 de la mañana en el microcentro de San Lorenzo y Jorge Amarilla se dispone a subir al ómnibus para llegar a su trabajo en Asunción.
El primer paso exige destreza. Se trata de subir y pasar al mismo tiempo que otras personas por la pequeña puerta delantera del colectivo.
La tarea no está exenta de empujones, punzantes codazos y miradas hostiles.
Sostenerse en la estribera es el siguiente paso, ya que a Jorge, como le puede pasar a cualquiera de los 750 mil usuarios del transporte público, le tocó hoy, como cada día, viajar colgado en la estribera del bus. Su cuerpo va unos 30 centímetros fuera del móvil. “A veces tengo miedo de caer, pero no queda otra”, relata el joven.
SIN SEGURO. “El seguro no cubre una caída desde la estribera”, dice sin dudar César Ruiz, del Centro de Empresarios del Transporte de Pasajeros del Área Metropolitana (Cetrapam).
A su entender los usuarios tienen un poco de responsabilidad, ya que muchos se trepan a los buses o suben sin pagar por la puerta trasera.
Esta respuesta no convence a Jovina de Duarte, otra usuaria. “Es una vergüenza. Desde San Lorenzo ya no se puede viajar porque viene lleno; no se por qué no mejoran el servicio”, se quejó.
Por día, los empresarios del transporte venden más de un millón doscientos mil boletos, pero los beneficios no se ven en el servicio. “Yo desde que tengo memoria jamás me subí a un colectivo nuevo, o sea que jamás han hecho una inversión seria”, dice firme.
En la ruta no hay controles. Para los conductores da igual viajar con gente en la estribera, con las puertas abiertas o bajar pasajeros por adelante.
COMO VACAS. Luis Céspedes viaja a bordo de la Línea 29. El bus marcha a tope. En su interior, más de 70 personas van atiborradas; en menos de 15 cuadras, el vehículo hace 23 paradas.
“Mirá, como vacas viajamos todos los días; el olor a veces es insoportable; ni hablar del calor, que nos derrite en sudor; es inhumano”, repite convencido, mientras una señora no escatima pisotones para lograr llegar a la puerta trasera antes de pasar su parada.
El bus sigue levantando gente. ¡Un poco más para el medio!”, dice, con arrastrada voz, el chofer.
Debajo, el chasis del vehículo se queja ante cada arranque. El 70% de los más de 2.500 vehículos del Área Metropolitana tienen más de 10 años de uso, que, según voceros de la firma Ivesur, es el tiempo máximo de uso establecido por los mismos fabricantes.
Luego de 10 años el sistema de dirección, de frenos y elásticos ya no ofrece seguridad. Cualquier sobrecarga de peso afecta directamente el funcionamiento de la parte mecánica.
“Mientras no pase algo muy grave, nadie va a hacer nada. Acá el problema es la cultura mediocre de los paraguayos”, enfatiza Soledad Benítez, una joven que se somete a diario al sufrimiento de viajar en el transporte público. El mismo que sufren 750 mil usuarios.
“LOS CHOFERES SON RESPONSABLES”
“Acá hay que tener las cosas en claro: está prohibido llevar personas en las estriberas, así como viajar con las puertas abiertas”, dice David Núñez, director ejecutivo de la Secretaría de Transporte del Área Metropolitana de Asunción (Setama).
El director menciona que existen algunos choferes que no respetan las normativas y que exponen la vida de los pasajeros. “Nosotros tenemos fuertes multas en el caso de advertir este tipo de hechos”, agrega.
Sin embargo, la realidad transcurre con independencia a las directivas del director, y en San Lorenzo no existe ningún agente de la Setama para evitar que las personas sigan exponiendo cada día su vida.