29 jun. 2026

La miseria y la gloria

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 8, 21-30.

En una de las misas en la casa de Santa Marta el Pontífice recordó que “en tres ocasiones en este pasaje del Evangelio Jesús habla de morir en el propio pecado: “moriréis en vuestros pecados...”. Y este era nuestro destino. También el destino de la gente que atravesó el mar Rojo, que habló mal del Señor y dijo contra Dios, contra Moisés: “¿Por qué nos habéis hecho salir de Egipto...?”. Luego llegaron las serpientes y el pueblo dijo: “Hemos pecado porque hemos hablado contra el Señor...”. Y si el Señor no hubiese dado un signo para salvarlos se hubiesen muerto en su pecado. No hay posibilidad de salir por nosotros mismos de nuestro pecado”.

Los “doctores de la ley, estas personas —continuó el Papa— enseñaban la ley pero no tenían una idea clara de la misma. Pensaban, sí, en el perdón de Dios, pero se sentían fuertes, autosuficientes.

¿Pero qué es la serpiente? “La serpiente —explicó el Pontífice— es el signo del pecado”.

“El cristianismo —continuó el obispo de Roma— no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para ser educados, para construir la paz. Estas son las consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada en la cruz. Una persona que se anonadó a sí misma para salvarnos”.

Por lo tanto, “el corazón de la salvación de Dios —afirmó el Pontífice— es su hijo que carga sobre sí todos nuestros pecados, nuestras soberbias, nuestras seguridades, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar a ser como Dios. Un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado, no ha comprendido lo que significa ser cristiano”.

“¿Dónde está tu pecado?”, preguntó a este punto el Santo Padre. “Tu pecado —fue su respuesta”— está allí en la cruz. Ve a buscarlo allí, en las llagas del Señor, y tu pecado será curado, tus llagas serán sanadas, tu pecado será perdonado. El perdón que nos da Dios no es cancelar una cuenta que nosotros tenemos con Él.

“El perdón que nos da Dios son las llagas de su hijo, elevado en la cruz”. Y su deseo final fue que el Señor “nos atraiga hacia Él y que nos dejemos curar”.

(Frases extractadas de http://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2014/documents/papa-francesco_20140408_miseria-gloria.html)