03 ene. 2026

“La lucha contra las desigualdades es más compleja que por la democracia”

El consultor en campañas de comunicación analiza el panorama político y electoral en Paraguay, así como la creciente amenaza del crimen organizado contra las democracias de la región y el mundo.

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Experto. Alfredo Rojas-Calderón, experto en comunicación.

GENTILEZA

Roberto Irrazábal
@robertbirra

Las proyecciones y amenazas en la democracia paraguaya, así como la idiosincrasia del elector paraguayo, son analizadas para ÚH por el consultor internacional Alfredo Rojas-Calderón, doctor en Ciencias de la Comunicación y en Ciencias Políticas.

–¿Cómo ve el panorama político electoral actual del Paraguay?

–El panorama político y electoral es complejo, sobre todo para los partidos y políticos de la oposición. La supremacía histórica y la identificación partidaria generacional de la ANR le da cierta ventaja de entrada en ciclo electoral de las municipales del próximo año. Esto obliga al resto a los partidos opositores a superar dos desafíos: El primero interno, de reorganización, y el segundo externo, de unidad. La atomización con la que arranca es una amenaza para las aspiraciones de la oposición de cara a la hegemonía del Partido Colorado, fusionado además con el aparato del Estado.

–¿Qué piensa de la influencia del crimen organizado en partidos políticos e instituciones del Estado?

–La influencia, o más bien el condicionamiento, tiene una doble perspectiva. Lo primero es que se ha convertido en una de las principales, sino la más importante, preocupaciones de los ciudadanos, que son afectados por la sensación de inseguridad o directamente por los hechos delictivos. Perú está a la cabeza, pero también Ecuador, Colombia, Bolivia. Luego, en segundo lugar, está la penetración del crimen organizado en el Estado y en las organizaciones políticas.

–¿Cómo se podría abordar seriamente este tema?

–Es un tema complejo, pero apunto dos cuestiones: Una es que los partidos en muchos países se han quedado sin financiamiento por parte del Estado, pero la otra es que, al mismo tiempo, las agrupaciones y líderes políticos necesitan más recursos para sus actividades, que tienen que ser cada día más profesionales, tecnológicas, materiales. Además las crisis económicas en muchos de nuestros países limitan los aportes privados de los militantes y las empresas a los partidos y las campañas.

–¿Cómo ve la particular preferencia en Paraguay hacia el autoritarismo?

–Paraguay ha tomado la delantera como el país con mayor preferencia por el autoritarismo en la región. A 7 de cada diez paraguayos no les importaría que un gobierno no democrático llegue al poder si resuelve los problemas. Son varias las razones para esto. Mencionaría, en primer lugar, las que se explica por sí misma, respecto de las expectativas por las soluciones a los problemas son mayores que la preferencia por un régimen de gobierno democrático. Los problemas, al final, son las prioridades de las personas. Y no darles respuesta da lugar a desafección primero y a la indignación más tarde. Por otro lado, indicaría también que personas asocian el orden, la estabilidad y el progreso con líderes fuertes, incluso si eso implica restringir derechos o debilitar la democracia. Esto se acentúa cuando los principales problemas son precisamente de inseguridad, de corrupción y económicos.

–¿Qué opina de las desigualdades en la región?

–La lucha contra las desigualdades es más lenta y más compleja que la lucha por la propia democracia. La otra cara de la desigualdad es la misma eso sí y es la demanda de garantías sociales, que se agravan por las crisis económicas y las altísimas expectativas de los ciudadanos por las soluciones a sus problemas. Sin embargo, es llamativo que reducir la desigualdad no sea una prioridad en la mayoría de los países latinoamericanos. Las políticas sociales generalmente quedan muy por debajo de las preocupaciones económicas, de seguridad, de la policía y la corrupción.

–En el Paraguay hay mucha crítica a la corrupción y hay mucha corrupción, ¿cómo ve que impacta esto en el pensamiento colectivo y las políticas públicas?

–La corrupción es una de las principales amenazas a la democracia. Contribuye a la desafección política de manera decisiva. En la mayoría de los países, los ciudadanos piensan que la batalla contra la corrupción se está perdiendo. La corrupción percibida es bastante alta en Paraguay. Ahora bien, también hay mucho cinismo con relación a la corrupción: La cuestiono solo si no me beneficio de ella o incluso beneficiándose.

–¿Cuál es la tendencia de las democracias modernas en el mundo respecto a transparencia y participación ciudadana?

–Destaco dos asuntos respecto de esto, por una parte, el acceso a la información pública, y, en segundo lugar, las herramientas tecnológicas que favorecen el gobierno abierto y así la rendición de cuentas. Los avances no son homogéneos en todos los países. En algunos casos no se pasa de las leyes de transparencia que no llegan a aplicarse o se hace de forma deficiente. En otros casos, sobre todo a nivel municipal, el control ciudadano y social de la gestión pública muestra avances importantes.

–¿Qué opina del sistema de voto electrónico y otras innovaciones electorales ?

–Es un contrasentido que con los avances tecnológicos actuales el voto, y sobre todo el escrutinio, siga siendo manual. La autonomía del voto es una necesidad y también una respuesta a una de las condiciones mínimas de un proceso electoral, como lo es la transparencia. La clave está en que el voto electrónico reduce la intervención humana, y así las posibilidades de manipulación, sobre todo en el conteo y registro de las actas. Son sistemas también más auditables, desde el software hasta las actas transmitidas e impresas. Esto es una fortaleza.

–¿Cómo ve los intentos de control del dinero en las campañas políticas, aquí en Paraguay y en el mundo?

–Depende, porque tendríamos que distinguir entre el control que los gobiernos con tendencias autoritarias, que intentan permanecer en el poder más tiempo e impedir así la alternabilidad, promueve mediante nuevas o modificaciones a las leyes electorales, de tal forma de limitar el financiamiento del Estado o de privados a los partidos de oposición para al mismo tiempo limitar sus actividades y hacerlos casi desaparecer. Esta es una forma de ventajismo. Otra cosa es la transparencia debida de los recursos públicos o de aportes privados a las campañas electorales que deben ser garantizadas. Esta rendición de cuentas también es fundamental para evitar los dineros ilícitos y el mal uso de los recursos públicos si hay aportes del Estado.

–¿Qué impacto han tenido en las democracias el fenómeno de las redes sociales y ahora las IA?

–Los impactos de la tecnología en la democracia y en la comunicación política tienen dos caras, una es la de facilitar y potenciar procesos y las tareas, pero también los efectos traen aparejados amenazas y desafíos. La premisa es que no pueden ignorarse. La adopción y adaptación de las herramientas tecnológicas no son una opción, es imprescindible. Si bien las redes sociales e internet no han democratizado la comunicación tanto como podría esperarse, no cabe la menor duda de que han permitido la autocomunicación. Los políticos y los ciudadanos ahora pueden expresarse directamente, sin la mediatización. Y estas redes sociales son hoy plataformas esenciales para ejercer influencia y hacerlo de forma microsegmentada. La viralización tiene su propia lógica.

–¿Cómo ve esa competencia?

–Los contenidos veraces, los informativos profesionales y los mensajes electorales, por ejemplo, compiten por la atención con otros no profesionales y de evasión. A esto habría que sumar la amenaza de la desinformación, sobre todo en política, que se aprovecha del potencial de facilidad de uso, de accesibilidad y distribución a gran escala que ofrecen las redes sociales e Internet. Lo mismo pasa con la IA en la comunicación política. Nos permite el análisis de datos masivos, incluyendo la microsegmentación de los públicos en grupos demográficos específicos, así como facilita tareas como producción y circulación de contenidos automatizados y masivos. También ayuda a diagnosticar la opinión pública y a tener mejores modelos predictivos.

La atomización con la que arranca es una amenaza para las aspiraciones de la oposición de cara a la hegemonía de la ANR.

Personas asocian orden, estabilidad y progreso con líderes fuertes, aún si implica restringir derechos o debilitar la democracia.

La desinformación se aprovecha del potencial de uso, de accesibilidad y distribución a gran escala que ofrecen las redes sociales e internet.

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