País

La limosna salva al que la da

 

Estoy intentando tener una reunión con personas que forman ese núcleo de doscientas familias que componen el poder económico, superior en este Paraguay empobrecido al poder político.

Me contentaría reunirme con ocho o diez personas. Y, todavía, para hacerlo más fácil, comenzaría reuniéndome con aquellos que se presentan como cristianos. Creo que entre ellos y yo debe de haber cosas en común que facilitarían el reunirnos.

El objetivo de este intento es cómo ayudamos a los que están en pobreza o extrema pobreza. No se trata de regalar nada. Sino de crear fuentes de trabajo.

Llevo varios meses pensando y hablando sobre esto. Pero, hasta ahora, nada.

Con estas pobres líneas voy a hacer un esfuerzo y en enero o febrero podríamos tener la primera reunión. ¡Soy optimista!

La limosna es el grado más bajo de mostrar que amamos al otro como hermano. Hay otros superiores como dar el tiempo o la vida para bien del hermano. Pero, es muy importante cuando hay tanta diferencia entre unos pocos y la casi totalidad.

Socialmente la limosna resuelve las necesidades del pobre desde su cantidad económica.

Pero también la limosna tiene un sentido religioso. Depende de la actitud con que se da.

La limosna más que generosidad es desprendimiento. Es mostrar la actitud salvífica de que tenemos fe en que al morir no nos llevamos nada, pero ahora con ella podemos hacer el bien. Por eso cuando existe una limosna entregándose uno con ella, ante Dios se salva el que la da. Pero el que la recibe vive más dignamente en lo material como Dios quiere. Inclusive le entran ganas de hacer lo mismo socialmente con los otros. Así se pone en marcha un Paraguay nuevo. El Reino de Dios para los creyentes.

Para terminar.

Gracias por haber llegado hasta aquí leyendo. Sobre esto deseo hablar con usted. Otro día seguimos. Esto es importante.

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