Política

La Fuerza de Tarea Conjunta: Su falta de eficacia

“Negociar con terroristas es un delito de traición a la patria”, es una frase atribuida al general Mordechai Gur, en ocasión de la Operación Entebbe.

Sepa señora, o señor, que quienes diseñaron la intervención militar –desde la estrategia– para el periodo presidencial 2013-2018, no participaron en su planificación, ejecución y control. Fueron otros actores los que asumieron el mando político de la cuestión. Por tanto, la ineficacia militar en estas operaciones no es responsabilidad exclusiva de aquellos. Fíjese que hasta hoy, por ejemplo, la FTC carece de elementos de interdicción (medios aéreos) y de masa de maniobra (principio de guerra); responsabilidad casi exclusiva de la expresión política.

El Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI), conocido como FTC, fue pensado con el propósito de coadyuvar a la Policía Nacional en la resolución de la crisis instalada en el Norte. El tiempo demostró que ni la Policía ni las Fuerzas Armadas, hoy, están diseñadas, entrenadas y, sobre todo, equipadas para enfrentar amenazas de esta índole. Con los resultados, estas demuestran vulnerabilidad ante un oponente volátil.

La historia enseña que una errónea concepción política, priva de eficacia a cualquier fuerza empeñada en un combate. No olvide usted, a los ministros del Interior y de Defensa que desfilaron a lo largo de este lustro. Recuerde sus nombres y sus torpes explicaciones. Endósele este fracaso. Por razón de capacidad comprobada, excluyo de esta crítica al general (R) Bernardino Soto, de eficaz gestión.

Desde la estrategia, el futuro presidente de la República tiene solo cuatro caminos para tentar tornar eficaz a esta intervención; o modifica la norma, o trabaja con método similar a la General Accountability Office (ver Plan Colombia, visión del Congreso norteamericano), o trabaja sobre la elaboración de políticas públicas en seguridad, o combina las tres últimas.

El catedrático José María Amarilla nos inquieta desde la academia con las siguientes interrogantes: “Uno de los problemas centrales del CODI es su definición estratégica: 1) ¿Es una fuerza policial? Se le encomienda la seguridad pública de tres departamentos, pero no tiene condiciones de cumplir ese rol. 2) ¿Es una fuerza de ocupación militar? Al parecer debería de ser, pero no tiene la capacidad de hacer cumplir un toque de queda. 3) Entonces, ¿es una fuerza disuasiva? Al parecer quiere ser, pero el EPP no ha sido disuadido de seguir operando. 4) Entonces, ¿Es una fuerza preventiva? Para ello debería contar con un fuerte énfasis en inteligencia para así anticipar las movidas del oponente, y 5) Entonces, ¿es una fuerza de reacción rápida? Tampoco. No opera de noche y en el caso Hiebert demoró ocho horas en hacer la primera incursión después del secuestro”.

Como verá, amable lector, nuestros muchachos están operando solos. A la gestión militar y policial le falta su par político.

*Abogado, consultor.

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