Por Pa’i Oliva
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En el siglo XX fue la gran fuerza de católicos en su lucha contra las dictaduras. Sin embargo, en el siglo XXI se habla poco de ellas.
Y, sin embargo, la fe cristiana se vive en comunidad, en su doble dimensión de creer que Jesús es Dios y en el compromiso con el Reino de Dios en la Tierra.
Me gustaría contarles la experiencia que estoy teniendo en el Bañado Sur dialogando con los cristianos de cada capilla sobre las comunidades cristianas primitivas. Y hay dos cosas que me llaman la atención. La comunidad cristiana puede existir en cualquier ambiente. La de Jerusalén creció en un ambiente de judíos ortodoxos.
La de Corinto en medio de una ciudad considerada en la Antigüedad como una de las más corrompidas de aquellos tiempos. La de Roma existió en la capital del imperio, donde emperadores caprichosos llegaron a celebrar sesiones de circo romano regalando pan y exponiendo a los cristianos a ser devorados por las fieras.
La comunidad cristiana creció en el desierto y en vergel. Porque la fe en Cristo sabe dominar las limitaciones.
La comunidad cristiana de todos los siglos fue santa y, también, tuvo sus Judas que por plata o poder las destrozaron. Realismo histórico que dice mucho de las que dieron tan grande testimonio a lo largo de los siglos.
Solamente queda preguntarle a qué comunidad cristiana pertenece Ud. Y, ojalá, los obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida impulsen, como en el Vaticano II , Medellín y Puebla, estas comunidades.