Argentina no produce café, sino que lo importa. Pero las cafeterías de Buenos Aires son toda una institución que identifica a la ciudad.
El salame, ingrediente infaltable de la tradicional picada que se comparte en los encuentros familiares o entre amigos, es en cambio un producto nacional. Pero para hacer el embutido se necesitan hasta 25 componentes importados, según la Cámara de Chacinados, que alertó en estos días sobre una merma en las existencias de estas mercaderías. Y es que todo se conjura contra las importaciones en Argentina: alza en los precios internacionales y aumento en los costos de los fletes, más una caída sostenida de la disponibilidad de dólares en el país.
El Gobierno mantiene un férreo control de cambios ante la erosión de sus reservas internacionales.
Para Fernando Furci, gerente general de la Cámara de Importadores, el principal problema de su sector tiene que ver con las distorsiones del mercado cambiario.
“En Argentina hay una brecha de más 100% entre el tipo de cambio oficial y los del mercado paralelo. Se podría compensar con más exportaciones o con otras medidas, pero no las tenemos hoy vigentes y eso hace que nuestras reservas en el Banco Central vayan disminuyendo drásticamente”, explicó.
Furci señala que “el problema no es solamente el de los productos terminados, sino también el factor crítico que representa el no poder abastecerse con la previsibilidad necesaria de insumos y materias primas, bienes de capital, repuestos, partes y piezas para mantener la maquinaria productiva de forma competitiva” en el país. AFP