Ayer se publicó en Londres una lista de las mejores universidades de la región latinoamericana, dada a conocer por la QS University Rankings para Latinoamérica. Brasil encabeza la lista de los top 10 y le siguen de cerca Chile, México y Colombia. ¿Paraguay? No figura ni entre los primeros 100 puestos. Una pena.
Brasil no solo destaca entre los 10 primeros, sino que de las 250 mejores universidades, 65 están en su territorio. México se destaca por su reputación académica. Chile tiene ubicadas 4 universidades entre las mejores 10. Esto nos da una idea de a dónde apuntar en caso de poder solventar los estudios universitarios fuera del país o a la hora de solicitar becas de estudios.
Argentina ha bajado su puntuación, saliendo de la lista de los 10 primeros. El informe explica que esta desacreditación se da por el incremento del ratio alumno/profesor y el declive de su reputación entre empleadores y académicos. ¡Para tener en cuenta!
Uno de los aspectos resaltados por el informe acerca de esta lista es que un 40% de las universidades presentes en el ranking fueron fundadas en los últimos 50 años, es decir, no son muy antiguas y, sin embargo, apuestan por la calidad. Esto es alentador para los inversionistas que deseen apostar en nuestro país por la educación superior de buen nivel. Todavía se puede y estamos en condiciones de cambiar de rumbo. Es una cuestión de actitud.
Mientras tanto, de Paraguay solo figuran 3 universidades y están por debajo de las 100 mejores. Una piedra en el zapato de muchas universidades que dicen ofrecer lo mejor a sus estudiantes. Claro, no solo se trata de ofertar buen nivel, sino de cumplir con los 7 requisitos básicos de los evaluadores de los QS University Rankings para América Latina, los cuales, por cierto, son muy razonables: reputación entre académicos y empleadores, número de estudios de investigación y publicaciones, ratio alumno/profesor, presencia online y la proporción de profesorado con doctorados (PhD) en su staff.
Estas noticias han sido difundidas y discutidas en redes sociales locales. La gente dice que la mediocridad impera en muchas de nuestras “altas casas de estudios” -salvando las excepciones- y que en el fondo hay un problema de sinceramiento que debe ser superado no solo por los ofertantes de carreras universitarias, por los docentes y por las entidades reguladoras de las universidades en nuestro país, sino también por los mismos alumnos que muchas veces hacen un pacto de mediocridad y boicotean a los que intentan exigirles más.
Lo cierto es que si no nos ponemos las pilas para enfrentar este fracaso en la formación superior, seguiremos condenados a depender intelectualmente de otros y que no seremos capaces de generar nuestras propias soluciones a los problemas del país. Estimular la formación de una clase universitaria bien consolidada intelectual y moralmente es un gran desafío pendiente.