¿Cómo salimos adelante? Es el cuestionamiento que nos hacemos desde todos los sectores que estamos en una situación menos comprometida en términos económicos.
En los últimos años se generaron programas con cierto éxito, como ser Tekoporã que plantea a las familias participantes trasferencias monetarias condicionadas, las familias tienen que demostrar pobreza y vulnerabilidad extrema para ser beneficiadas. La condición es que los hijos acudan a la escuela y a la consulta médica, todo esto se comprueba con libretas y documentaciones. Las familias reciben mensualmente una ayuda que representa un porcentaje mucho menor de lo que cuesta la canasta familiar, esto quiere decir que está muy lejos de ser uno de esos “planes familiares” tan estigmatizados en la región. Los participantes necesitan seguir trabajando o rebuscándose con lo que se pueda, pero la dinámica permite incentivar la educación para que las próximas generaciones, los niños de esas familias, ya no repitan la historia de los padres.
A los programas del Estado se suman iniciativas del sector privado en el marco de su responsabilidad social, desde empresas que ayudan con créditos blandos a sus funcionarios para un arreglo en el hogar o incluso la construcción de una casa, compra de vehículos o electrodomésticos, hasta becas de estudio, y ni que decir la solidaridad de muchas organizaciones cuando se hace presente una enfermedad costosa.
Con todo esto aún tenemos un camino largo, informes de los organismos internacionales traen la mala noticia de que la falta de previsión y las políticas públicas poco acertadas en el ámbito de la educación van a generar un retroceso en una parte considerable de la población en edad escolar.
La clase política tiene la obligación de hacer un pacto, sin importar colores e ideologías. Existen muchas causas nacionales que son transversales para lograr erradicar de manera definitiva la pobreza en el país y es la mezquindad electoral la que pone esto en riesgo.
Los próximos meses entre internas partidarias y elecciones generales será un periodo donde el foco se concentrará aún más en la competencia por lograr objetivos partidarios.
Yo sueño con unas elecciones donde se discuta el modelo de país que queremos, con acciones concretas que se pueden generar desde todos los sectores políticos que hoy ocupan un lugar, desde el Ejecutivo pasando por el Congreso hasta el último ministerio. Basta de promesas, impulsemos los acuerdos que permitan una nueva República de igualdad y equidad, en donde todos tengan por lo menos una oportunidad de mejorar su existencia en este país que tiene un potencial que muchas veces ven solo los de afuera.
Paraguay tiene que recuperar su soberanía e independencia en un mundo altamente globalizado y planificar el cambio de matriz energética para los próximos años, basta de subsidios estériles y enfoquemos los esfuerzos en inversiones que beneficien a todos los sectores.
Es lamentable que tengamos que llegar a generar leyes coercitivas para asegurar la libre circulación y que no frene la economía, necesitamos implementar políticas que promuevan otra salida para quienes solo encuentran respuestas en lideres que se benefician con la necesidad de los más débiles.
La ciudadanía participa hasta donde puede, las asociaciones y organizaciones de la sociedad civil tienen sus limitaciones, la deuda está en la clase política, está en quienes tienen la lapicera.