Editorial

La desidia de autoridades deja a usuarios sin transporte nocturno

Los usuarios del transporte público no son considerados ni por las autoridades ni por los transportistas, quienes los abandonan a altas horas de la noche y de la madrugada, así como los fines de semana, dejándolos a su suerte, prácticamente, sin el servicio de transporte público que los lleve a destino. Esperar por horas en las paradas supone, además, exponerse a la posibilidad de ser asaltados por motochorros y, eventualmente, perder la vida. Es lamentable que los transportistas no garanticen una frecuencia razonable de sus unidades para satisfacer las necesidades de sus usuarios. Los culpables de esta situación son las autoridades que no defienden los intereses de la población más necesitada.

Las quejas se repiten una y otra vez sin que encuentren un eco favorable en las autoridades: desde las diez de la noche para adelante y hasta la madrugada, es poco menos que imposible encontrar colectivos que lleven a los pasajeros a sus respectivos destinos. Se esperan horas y horas sin que aparezcan los ómnibus.

Una similar situación se vive los fines de semana, desde el sábado a la tarde y todo el domingo y los días feriados. Los buses no aparecen sino cada muerte de obispo –si es que aparecen porque hay líneas que ignoran por completo sus itinerarios en esos días–, dejando colgados en las paradas a quienes tienen necesidad de trasladarse de un lugar a otro. Para colmo, los dejan a merced de asaltantes.

Las empresas de transporte público de pasajeros argumentan que al ser escasos los pasajeros, recorrer los itinerarios no resultan rentables. Ellos, sin embargo, tienen que considerar que si bien son firmas comerciales privadas tienen una función social pública y no pueden desatender sus obligaciones de llevar a las personas de un lugar a otro en todo momento.

Es lamentable e inadmisible ver a numerosas personas en las paradas esperando inútilmente que lleguen las líneas de transporte que las trasladen de un lugar a otro. O si lo hacen, llegan después de horas de haber estado aguardando que por fin lleguen.

Ya que los empresarios carecen de la conciencia de servicio a la ciudadanía y al incumplir su responsabilidad de no abandonar a los pasajeros en la calle, es evidente que son las autoridades del gobierno central y las municipales las que deben intervenir para subsanar el inconveniente y exigirles, como mínimo, una frecuencia de cada media hora en la noche, la madrugada, los fines de semana y los feriados.

Tanto los intendentes municipales de Asunción y área metropolitana, como el ministro de Obras son responsables del abandono en el que se encuentran los pasajeros. De haber sido conscientes de que están para servir a la ciudadanía y, en particular, a los que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, hace rato hubieran exigido a las empresas que garanticen, en todos los itinerarios, un mínimo de unidades que cubran los horarios de un servicio eficiente.

Por otro lado, es necesario que los afectados por el problema, los que pierden el tiempo sin que nunca aparezcan sus colectivos, y viven expuestos a los peligros que acechan en la calle, tomen conciencia de su rol de ciudadanos y exijan a las autoridades.

Les asiste para ello el derecho, además del de contar con un servicio de transporte público durante todo el día, un servicio que sea eficiente y respetuoso de la dignidad de las personas. Y el cumplimiento de ese derecho es el que tienen que exigir a sus autoridades electas, que hacen la vista gorda a este problema ciudadano. Las autoridades a su vez deben exigir a los empresarios la provisión de un buen servicio para los usuarios.

Es de esperar que tomen nota de la necesidad de muchos pasajeros de contar con buses las 24 horas del día. Y que, en consecuencia, adopten las medidas para que se acabe el calvario de pasajeros que esperan una eternidad sin que los colectivos aparezcan. Es su obligación ineludible.

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