05 jul. 2026

Kiss, Cromagnon e Ycuá Bolaños: 3 tragedias similares, 823 víctimas, la misma imprevisión

Paraguay, Argentina y Brasil comparten el mismo dolor ante incendios pavorosos que pudieron ser evitados con un riguroso control. ¿Seguirá repitiéndose la historia?

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Ante la tragedia de los tres países vecinos del Mercosur, las preguntas permanecen latentes en medio del dolor. | Archivo

Por Andrés Colmán Gutiérrez

andres@uhora.com.py / @andrescolman

Una chispa o un destello inicial. Una explosión. Gritos, corridas, desesperación entre la multitud. Fuego, humo, llanto, dolor. Manos desesperadas que golpean paredes o puertas cerradas, mientras se desata el incendio. Muerte, muerte, muerte...

Las dramáticas noticias sobre el nuevo incendio en la discoteca Kiss de Santa María, Brasil, hacen revivir escenas de horror en el inconsciente colectivo de miles de paraguayos y argentinos, evocando otros siniestros ocurridos hace casi 9 años, con características muy similares.

El 1 de agosto de 2004, en Asunción, ardió el supermercado Ycuá Bolaños, dejando un trágico saldo de 396 víctimas fatales y más de 500 heridos. Ese mismo año, el 30 de diciembre, en Buenos Aires, ardió la discoteca Cromagnon, dejando 194 personas fallecidas y al menos 1.432 heridos.

Nueve años después, lo ocurrido este domingo 27 en la discoteca Kiss, en Brasil, con 231 víctimas fatales y cerca de 300 heridos, unos 80 considerados graves, además de hacer revivir todo el horror, confirma que las causas de las tres grandes tragedias son las mismas: la irresponsabilidad, la desidia, la imprevisión, la falta de controles rigurosos de los sistemas anti-incendios, la corrupción de inspectores y funcionarios para no hacer cumplir la Ley.

SIN SALIDAS. Aunque los incendios de Kiss y Cromagnon son más idénticos, por haberse iniciado ambos con una bengala disparada durante conciertos, en discotecas que albergaban a mucha más gente de lo que su capacidad permitía, no dejan de tener elementos similares con lo ocurrido en el supermercado paraguayo, sobre todo porque la mayoría de las puertas estaban cerradas por los guardias “para no permitir que la gente abandone el lugar, sin pagar su consumo”, según el despacho de las agencias noticiosas.

El otro elemento común es que los tres locales no contaban con las salidas de emergencia suficientes para permitir la evacuación de una gran cantidad de personas que acostumbraban concentrar en su interior, y que las pocas que habían estaban cerradas con candados.

IRREGULARIDADES. En el caso del supermercado Ycuá Bolaños, aunque la Municipalidad de Asunción aseguró que contaba con la habilitación correspondiente, las pericias técnicas demostraron durante el juicio que en la práctica las instalaciones tenían varias irregularidades, que la convertían en “una trampa mortal”.

En los casos de las discotecas, el certificado de incendio de Cromagnon se había vencido 20 días antes de la tragedia y Kiss tenía la habilitación vencida desde agosto.

En el caso Ycuá Bolaños, se estableció durante el juicio que “tres de los ductos de la parrilla, de la panadería, de la confitería y la rotisería, no salían al exterior. Lo que significa que había una gran cantidad de humo y gases que desde la misma inauguración del supermercado se iban acumulando en la cámara que se formó entre el cielo raso y el techo del edificio que permitió una acumulación de gases de 9.000 metros cúbicos”.

Algo similar ocurrió con las discotecas de Brasil y Argentina. En el caso Cromagnon, las autopsias determinaron que la mayoría de las víctimas fallecieron al respirar el humo gris plomo producido por la combustión de los paneles acústicos de espuma de poliuretano colocados en el techo. “Cromagnon fue una cámara de gas donde la concentración de un gas derivado del cianuro provocó la muerte a 194 personas”, sostuvo uno de los forenses en el juicio oral.

Los primeros informes del caso Kiss destacan que allí sucedió lo mismo: En su gran mayoría, las 231 víctimas no murieron quemados, sino por inhalar un gas derivado del cianuro.

¿JUSTICIA? En donde sí se destacan algunas diferencias, es en el proceso jurídico que siguió a las dos primeras tragedias.

En Paraguay, los familiares de las víctimas invalidaron el primer juicio oral, en diciembre de 2006, por considerar que la sentencia de cinco años por “homicidio culposo” contra los dueños del supermercado y uno de los guardias, era “demasiado leve”, ya que solicitaban 25 años por “homicidio doloso agravado”.

En un segundo juicio, en 2007, el propietario del supermercado, Juan Pio Paiva, fue sentenciado a 12 años de cárcel, y su hijo Víctor Daniel Paiva a 10 años de cárcel, mientras el guardia Daniel Areco obtuvo 5 años de cárcel, y el socio Humberto Casaccia: 2 años y 6 meses.

En Argentina, tras un proceso judicial aún más laberíntico, fueron procesadas unas 15 personas, incluyendo al empresario dueño de la discoteca, Omar Chabán, a los integrantes de la banda de rock Callejeros, y a diversos guardias, policías y funcionarios municipales.

Chabán fue sentenciado a 20 años de cárcel, por los delitos de incendio doloso calificado y cohecho activo; Diego Argañaraz a 18 años, el subcomisario Carlos Díaz a 18 años, entre otros. Los integrantes de la banda Callejeros fueron absueltos.

En donde sí hubo sustancial diferencia es en la responsabilidad política. Mientras en Paraguay, el entonces intendente municipal, Enrique Riera, logró zafar de ser procesado y condenado, en Argentina el jefe de Gobierno de Buenos Aires, Anibal Ibarra, fue destituido de su cargo.

En Brasil, a pocas horas del incendio, ya fueron detenidos dos integrantes de la banda Gurizada Fandangueira y uno de los dueños de la discoteca, Mauro Hofman.

Pero tras contabilizar 823 víctimas en las tres tragedias de los tres países vecinos del Mercosur, las preguntas permanecen latentes en medio del dolor: ¿Cuánto hemos aprendido para evitar que otras tragedias similares vuelvan a ocurrir?

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