Correo Semanal

Jürgen Habermas, el último gran filósofo del siglo XX

 

María Gloria Báez

Jürgen Habermas, uno de los filósofos vivos más destacados celebró su 90 cumpleaños. Nacido el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, Alemania, es el filósofo alemán más importante de la segunda mitad del siglo XX. Pensador social y político muy influyente, se identifica generalmente con la teoría social crítica desarrollada a partir de la década de 1920 por el Instituto de Investigación Social de Frankfurt en Main, Alemania, también conocida como la Escuela de Frankfurt.

Pertenece a la segunda generación del Instituto de Frankfurt, siguiendo a figuras fundadoras y de primera generación como Max Horkheimer, Theodor Adorno y Herbert Marcuse. Habermas se destaca tanto fuera de los círculos académicos por sus influyentes contribuciones a la crítica social y el debate público, y dentro de ellos por sus voluminosos tratados y ensayos en los que ha formado una visión integral de la sociedad moderna y la posibilidad de libertad dentro de ella.

En Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública, expone cómo los salones, cafés y grupos literarios europeos modernos contienen los recursos para democratizar la esfera pública. En su conferencia inaugural de 1965, en la Universidad de Frankfurt y en el libro del mismo título publicado tres años después, Conocimiento e interés humanos (1968), establece los fundamentos de una versión normativa de la teoría social crítica, la teoría social marxista desarrollada por Horkheimer, Adorno y otros miembros del Instituto de Frankfurt desde la década de 1920 en adelante. Lo realiza sobre la base de una teoría general de los intereses humanos, según la cual las diferentes áreas del conocimiento y la investigación humana, por ejemplo, las ciencias físicas, biológicas y sociales, son expresiones de intereses humanos distintos, pero igualmente básicos. Estos intereses básicos están a su vez unidos por la búsqueda general de la razón de su propia libertad, que se expresa en disciplinas académicas que critican los modos de vida social no libres. Al repensar los fundamentos de la teoría social crítica temprana, Habermas ha buscado unir las tradiciones filosóficas de Karl Marx y el idealismo alemán con el psicoanálisis de Sigmund Freud y el pragmatismo del lógico y filósofo estadounidense Charles Sanders Pierce. Su trabajo inició un “giro comunicativo” en la teoría crítica el cual contrasta con los enfoques de sus mentores, M. Horkheimer y Theodor W. Adorno. Habermas ve este giro como un cambio de paradigma alejado de muchos supuestos dentro de los enfoques ontológicos tradicionales de la filosofía antigua, así como de lo que él llama la “filosofía del tema” que caracterizó el período moderno temprano. En cambio, ha tratado de construir un enfoque “posmetafísico” y lingüísticamente orientado a la investigación filosófica. Otro contraste con la teoría crítica inicial es que Habermas defiende el proyecto emancipador “inacabado” de la Ilustración contra varias críticas. Una de esas críticas surgió cuando la catástrofe moral de la Segunda Guerra Mundial rompió las esperanzas de que la creciente racionalización de la modernidad y la innovación tecnológica produjeran la emancipación humana. Habermas argumentó que una imagen de la racionalidad de la Ilustración unida a la dominación, solo surge si combinamos la racionalidad instrumental con la racionalidad como tal, y si el control técnico se confunde con la totalidad de la comunicación. Posteriormente desarrolló una descripción de la “racionalidad comunicativa” orientada a lograr entendimientos mutuos en lugar de simplemente éxito o autenticidad.

Pos y transnacional

Otro tema perdurable en el trabajo de Habermas es su defensa de las estructuras “posnacionales” de autodeterminación política y gobernanza transnacional contra modelos más tradicionales del Estado-nación. Él ve las nociones tradicionales de identidad nacional como decrecientes en importancia; y el mundo, ante los problemas derivados de la interdependencia que ya no pueden abordarse a nivel nacional. En lugar de una identidad nacional centrada en tradiciones históricas compartidas, pertenencia étnica o cultura nacional, aboga por un “patriotismo constitucional”, donde el compromiso político, la identidad colectiva y la lealtad se unen en torno a los principios y procedimientos compartidos de un constitucionalismo democrático liberal que facilita el discurso público y el yo-determinación. También afirma que las estructuras emergentes del derecho internacional y la gobernanza transnacional representan logros generalmente positivos que mueven el orden político global en una dirección cosmopolita que protege mejor los derechos humanos y fomenta la difusión de las normas democráticas. Él ve el surgimiento de la Unión Europea como paradigmático a este respecto. Sin embargo, su cosmopolitismo no debe ser exagerado. No defiende la democracia global en ningún sentido firme, y está comprometido con la idea de que la autodeterminación democrática requiere una medida de identificación mutua localizada en forma de solidaridad cívica, una solidaridad mediada legalmente en torno a la historia, las instituciones compartidas y arraigada en algunos patrones de vida “éticos” compartidos fomentando la comprensión mutua.

Críticas sobre su pensamiento

Habermas ha sido criticado tanto por la izquierda posmoderna como por la derecha neoconservadora por su confianza en el poder de la discusión racional para resolver los principales conflictos nacionales e internacionales. Mientras que algunos críticos encontraron que su teoría crítica normativa, aplicada en áreas como la educación, la moral y la ley, era peligrosamente eurocéntrica, otros denunciaron su carácter utópico, radicalmente democrático o liberal de izquierda. Fue criticado por los marxistas y por las teóricas feministas y raciales por abandonar el socialismo o por presuntamente renunciar a la crítica vigorosa de la injusticia social y la opresión. Para algunos representantes de los movimientos sociales antiglobalización, incluso el liberalismo político de izquierda de Habermas y el reformismo democrático deliberativo fueron inadecuados para abordar las distorsiones culturales, políticas y económicas evidentes en las instituciones democráticas existentes. Habermas respondió a las críticas en ambos extremos del espectro político desarrollando una teoría comunicativa más sólida de la democracia, la ley y las constituciones en Facticidad y validez. Sobre el Derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso (1992); La inclusión del otro (1996); La Constelación posnacional (1998); Tiempo de transiciones (2001), ofrece alternativas democráticas globales a las guerras que emplean el terrorismo, así como a la “guerra contra el terrorismo”.

Jürgen Habermas produjo una gran cantidad de obras durante más de cinco décadas. Sus primeros trabajos se dedicaron a la esfera pública, a la modernización y a las críticas de las tendencias en filosofía y política. Luego, lentamente, comenzó a articular teorías de racionalidad, significado y verdad. Su teoría de la acción comunicativa de dos volúmenes en 1981 revisó y sistematizó muchas de estas ideas e inauguró su pensamiento maduro. Luego, dirigió su atención a la ética y la teoría democrática. Relacionó la teoría y la práctica al participar en otras disciplinas y en disertar como intelectual público. Dado el amplio alcance de su trabajo, es útil identificar algunos temas perdurables.

Traducido a más de 40 idiomas, su trabajo ha contribuido a la epistemología, filosofía del lenguaje, filosofía de la religión, teoría democrática, jurisprudencia y teoría social. Ha escrito y es coautor de cientos de libros, artículos, documentos, discursos y capítulos, y es ampliamente leído y citado tanto dentro de la academia como más allá.

Creo que la forma más adecuada de apreciar a un pensador tan importante es reflexionar sobre sus diagnósticos, así como sobre sus métodos conceptuales y teóricos, y aplicar su legado con respecto a las experiencias de nuestros días. Las ideas de Habermas proporcionan herramientas intelectuales no solo para comprender las patologías, desfiguraciones y desarrollos que amenazan con socavar la vida política y social en Occidente (específicamente, el amplio consenso social y axiológico que se ha alcanzado), sino también para buscar formas de enfrentarlos.


El pasado junio el autor de El discurso filosófico de la modernidad cumplió 90 años y sigue publicando libros, sin cesar. Un repaso por la trayectoria de este pensador esencial de nuestro tiempo.

Filosofía

Ha sido criticado tanto por la izquierda posmoderna como por la derecha neoconservadora por su confianza en el poder de la discusión racional.

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